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Jóvenes

FICHA DE TRABAJO Nro. 4
Tema: Abiertos a las necesidades de los demás

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1) Fundamentación bíblica:
El juicio final ( Mt. 25, 34-46 )
' ... Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: ´Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver´. Los justos le responderán: ´¿ Cuándo te vimos de paso, y te alojamos, desnudo y te vestimos ? ¿ Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte ?´. Y el Rey les responderá: ´Les aseguro que en la medida que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo¨.
Luego dirá a los de la izquierda: ´Aléjense de mí, malditos, vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles, porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber; estaba de paso, y no me alojaron; desnudo, y no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron´. Estos, a su vez, le preguntarán: ´Señor, ¿ cuándo te vimos hambriento o sediento, de paso o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido ?´. Y él les responderá: ´Les aseguro que en la medida que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo´. Estos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.'

2) Motivación
El águila y el chimango ( Mamerto Menapace )
Una vuelta un hombre decidió poner a prueba la providencia del Señor Dios. Muchas veces había sentido decir que Dios es un padre amoroso y que se ocupa de todas sus pobres criaturas. El hombre quería saber si realmente Dios también se ocuparía de él y le mandaría lo que cada día necesitaba.

Entonces decidió irse campo adentro hasta un montecito solitario, para esperar allí que Dios le enviara su diario sustento, por manos de alguien que fuera lugarteniente de su providencia. Y así lo hizo. Una mañana, sin llevarse nada consigo para comer, se internó por esos campos de Dios, y se metió en el montecito que había elegido. Lo primero que vio lo dejó asombrado. Porque se encontró con un pobre chimango malherido, que tenía una pata y un ala quebrada. No podía volar ni caminar. En esas condiciones no le quedaba otra que morirse de hambre, a menos que la providencia de Dios lo ayudara.
Nuestro amigo se quedó mirándolo, en espera de ver lo que sucedería. En una de esas vio sobrevolar un águila grande que traía en sus garras un trozo de carne. Pasó por sobre el bicho lastimado y le arrojó la comida justito delante como para que no tuviera más trabajo que comérsela.

Era como para creer o reventar. Realmente, el hecho demostraba que Dios se ocupaba de sus pobres criaturas, y hasta se había interesado por este pobre chimango malherido. Por lo tanto no había nada que temer. Seguramente también a él le enviaría por intermedio de alguien lo que necesitaba para su vida. Y se quedó esperando todo el día, con una gran fe en la providencia.
Pero resulta que pasó todo aquel día, y nadie apareció para traerle algo de comer. Y lo mismo pasó al día siguiente. A pesar de que nuevamente el águila había traído una presa para el chimango, nadie había venido a preocuparse por él. Esto le empezó a hacer dudar sobre la real preocupación del Señor Dios por sus hijos.
Pero el tercer día sintió que sus deseos finalmente se cumplirían, porque por el campo se acercaba cabalgando en dirección al montecito, un forastero. Nuestro amigo estuvo seguro de que se trataba de la misma providencia de Dios en persona. Y sonriendo se dirigió hasta él.

Pero su decepción fue enorme al comprobar que se trataba de una pobre persona que tenía tanta hambre como él, y, como él, carecía con qué saciarla. Entonces comenzó a maldecir a Dios y a su providencia, que se preocupaba sí de un pobre chimango malherido, pero no se había interesado por ayudarlo a él que era su hijo.
El forastero le preguntó por qué se mostraba tan enojado y maldecía a Dios. Entonces él le comentó todo lo que estaba pasando. A lo que el forastero le respondió muy serio:
- Ah, no, amigo. Usted en algo se ha equivocado. La providencia realmente existe. Lo de los dos pájaros lo demuestra clarito. Lo que pasa es que usted se ha confundido de bicho. Usted es joven y fuerte. No tiene que imitar al chimango, sino al águila.

Si nos preocupáramos más por las necesidades de los demás, ciertamente nos sería más fácil creer en la providencia.

3) Reflexión
Una de las aspiraciones más profundas de las personas de nuestro tiempo, signada por la comunicación, se puede sintetizar con dos palabras: SER ESCUCHADOS.
Los padres se quejan porque los hijos no cuentan lo que les pasa. Los hijos se quejas de que sus padres no los comprenden, no los escuchan. Los amigos se quejan de que sus amigos no les dedican el tiempo necesario. El marido se queja de su mujer y la mujer de su marido. ¿ Qué es lo que pasa ?
Muchas personas son reservadas y no les gusta hablar de sus cosas, pero necesitan saber que hay una persona en la que pueden confiar y que está dispuesta a escucharlos en cualquier momento.
Otras prefieren no hablar porque no encuentran el lugar apropiado para hacerlo.

Cualquiera sea nuestra situación es conveniente que pensemos en esto, para ofrecer un espacio de escucha a otros que pueden contar con nosotros para hablar y, al mismo tiempo, brindarse con apertura y generosidad a que otros escuchen nuestras inquietudes y problemas.
En la vida se pueden tomar diferentes actitudes. Está el que no ayuda porque nadie le pide ayuda. Está también el que no hace nada porque piensa que los demás no lo necesitan. Por otro lado encontramos al que no se preocupa por los demás porque piensa que no tiene nada para dar. Por último está aquel que a pesar de que le piden ayuda, piensa que eso de la solidaridad no es para él.
Ninguna de estas actitudes es buena.
Tratemos de imitar al águila y no al chimango y vayamos al encuentro del otro ...

4) Para rezar entre todos ...

Señor, yo dormía

Señor, yo dormía
y soñaba que la vida
era alegría.

Desperté y vi
que la vida
era servicio.

Serví y vi
que el servicio
era alegría.

 

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