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Si la vida vale, vale para todos

Por Claudia Inzaurraga
Vicepresidenta 1° de ACA

 

La campaña en favor de la despenalización del aborto se sustenta en estos axiomas: “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”, lo que de aprobarse el proyecto implicará realizar, según sostiene,  modificaciones en los sistemas de Educación, Salud y Justicia, y también, por supuesto, profundos cambios culturales.

A simple vista la propuesta parece ser más abarcativa que un gran problema puntual, nada más ni nada menos que el de la Vida, que apenas si se menciona en relación a la mujer. El aborto aparece ligado a que las mujeres que decidan interrumpir un embarazo tengan atención segura y gratuita en los hospitales públicos y obras sociales de todo el país.

Si buscamos la definición del mismo en el diccionario, entre las más comunes señala que abortar es “interrumpir, frustrar el desarrollo de un plan o proceso” o “interrumpir, de forma natural o provocada, el desarrollo del feto durante el embarazo”. Es decir que este  derecho propone que las mujeres que decidieran interrumpir su embarazo, no por causa natural que ya está cubierto por el sistema de salud y obras sociales, sino por decisión propia, gocen del beneficio de una atención segura por parte del sistema de salud público o privado.

Entonces veamos a qué se define como embarazo, que según el diccionario señala que el mismo es el “estado de una mujer gestante” que se dice de toda mujer u hembra que tiene el feto o creatura en su vientre”. Lo que valdría decir que interrumpir el embarazo es detener el desarrollo del feto o creatura voluntariamente por parte de la mujer que lo gesta, independientemente de las condiciones en que se haya dado esta gestación.

Esta defensa  se basa segun las manifestaciones que hemos escuchado o leido en “una causa justa en razón de su contenido democrático y de justicia social, que busca asegurar el goce de los derechos humanos a las mujeres hoy privadas de ellos.”

Bien hasta aquí los supuestos, frente a los cuales con respeto  queremos proponer una mirada integral que nos permita ayudar a construir el bien común y proteger a las personas en estado de vulnerabilidad, foco de nuestra preocupación

En primer lugar compartir que la  justicia o el marco legal de nuestra Nación  nace de la Ley Suprema  y los derechos humanos s reconocidos en ella, sostienen que la vida se da a partir de la concepción y por lo tanto, se deduce que:

  • Que el niño por nacer, científica y biológicamente, es un ser humano cuya existencia comienza al momento de su concepción por lo que, desde el punto de vista jurídico, es un sujeto de derecho como lo reconocen la Constitución Nacional, los tratados internacionales anexos y los distintos códigos nacionales y provinciales de nuestro país.
  • Que destruir a un embrión humano significa impedir el nacimiento de un ser humano, lo cual es racionalmente injusto

Claro que esto no agota el debate y que ante la afirmación de que “el derecho al aborto en razón de justicia social, es reconocer que en el contexto latinoamericano, sumido en la pobreza y la desigualdad social, son las mujeres pobres quienes sufren o mueren por abortos realizados en clandestinidad, excluidas también de otros bienes culturales y materiales”nos parece  justo poner todo el énfasis necesario en  trabajar adecuadamente, para revertir las causas de pobreza que conllevan a la real discriminación y exclusión en el ejercicio de los derechos. Crear condiciones de equidad, inclusión, educación, salud, aparecen como prioritarios. En cuanto al derecho a abortar mencionado, aparece cuanto menos un conflicto de derechos ya que el niño, persona humana desde su estado embrional tiene también el derecho inalienable de vivir.

¡Claro que compartimos el no querer más muertes de mujeres! ¡No queremos más crecimiento de la mortalidad materna! ¡Pero tampoco queremos la muerte de los niños!. Enfrentando la paradoja de una mención que mide las muertes por aborto como mortalidad de las madres y no contabiliza la muerte de los niños, porque está se contabiliza como tasa cuando mueren después de nacer.

Sabemos y reconocemos que la práctica de abortos clandestinos, más allá de cuantos sean, ¡aunque sean sólo uno! es en sí mismo un problema humanitario y de la sociedad actual sobre el que hay que reflexionar proponiendo, ante este desafío, la búsqueda de caminos que no se orienten a interrumpir la gestación sino a cuidar y proteger la vida de la mujer y el niño engendrado.¡Queremos proteger y cuidar la vida de los dos!

Es cierto que una democracia verdadera debe atender la salud de todos, y en cuanto a la mujer proteger su vida y el derecho a su salud, y en orden al dilema de embarazo no deseado, la solución no parece pasar por el derecho a elegir instalando la idea de que sólo existe una persona, la de la mujer, negando la realidad y  la ciencia que afirma que hay dos personas, ya que el embrión no es una persona en potencia, lo es en acto y tiene todo el código genético que tendra de por vida.

Abracemos con infinita ternura a las mujeres que viven profundas heridas, cuyos embarazos difíciles no son consecuencias de elecciones personales o de un acto de amor. Acompañemoslas a desarrollar toda la resliencia necesaria para afrontar la adversidad brindándole los recursos necesarios para sobreponerse sin que ello implique la eliminación de un niño débil , indefenso y sin responsabilidad alguna sobre el contexto en el que fue engendrado ¿hay mayor vulnerabilidad que este estado de indefensión? ¿no abrirá esto un difícil y oscuro camino donde quien tenga más poder o esgrima más derecho descarte por alguna razón que le resulte valedera para sí a otro ser más débil?

Eduquemos para una vida sexual personal, madura, responsable confiando en las posibilidades y la racionalidad de cada persona a desarrollarse verdadera y humanamente, a elegir con criterio y valores.

Trabajemos sobre las causas que empujan a las mujeres a esta decisión.

Seamos responsables y realmente honestos a la hora de opinar, a la hora de legislar, poniendo en su lugar las verdaderas piezas de un debate genuino, pero que no puede quedar sujeto a slogans o reduccionismo.

¡Si la vida vale, vale para todos! ¡Si defendemos los derechos humanos, comencemos por el que fundamenta todos los demás: la vida!