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¡Misión en acción!

Por Agustín Merlo
Vicepresidente 2° del Consejo Nacional

 

Cuando comenzamos a pensar la 29ª Asamblea Federal hubo una exigencia en la que coincidimos todos: la esencia de la asamblea debía ser la misión. Haciéndonos eco de lo que nos dijera el Papa Francisco en el Congreso Internacional de Acción Católica y en el camino recorrido en Bahía Blanca, donde la misión tuvo un espacio central, San Juan no podía encontrarnos en otra sintonía.

Los desafíos eran muchos, pero cuando el Espíritu nos encuentra convencidos y con convicciones férreas, no hay imposibles. Me vienen al corazón tantísimas dificultades y complicaciones que se esconden tras la sencilla frase “los desafíos eran muchos”, pero el Señor ciertamente obra maravillas (cfr. Sal 98, 1). Así como los desafíos, también las esperanzas son muchas.

La AF tiene la fuerza de lo colectivo, de lo que traza rumbo, de lo que señala norte. Allí es donde se juega la institucionalidad, eso que hace que ni vos ni yo seamos imprescindibles, pero al mismo tiempo seamos necesarios. Gran paradoja que nada valga tanto como la vida, pero que necesitemos renunciar a ella para alcanzarla en plenitud.

¿Qué buscamos con cada espacio de misión? Ni más ni menos que salir al encuentro del otro, a comunicar la alegría de un Dios que nos ama y nos llama a multiplicar ese amor. Y en ese ida y vuelta es que somos también misionados nosotros, experiencia formidable que muchísimos comentaron.

Por eso es que me emocionó ver a tantos pibes y tantas pibas que encontraron en la AC un espacio para lanzarse a las periferias, a tantas familias comprometidas, a tantos adultos poniendo al servicio su profesión para vivir los valores del Evangelio, a tantos adultos mayores transmitiendo la sabiduría de una vida plena en el encuentro con Jesús.

Ciertamente que la misión tuvo mucho de esto, pero también de horizontes. Horizontes que son límites que tenemos que correr, y el horizonte sólo cambia cuando nos movemos. Nos ponemos las “zapas” y nos encaminamos hacia donde el Señor nos guíe, es decir, hacia los que sufren, son excluidos, discriminados o aún no encontraron al Dios de la vida.

Deseo ardientemente que podamos hacer realidad el lema que nos propusimos: “AC es misión con todos y para todos” comunicando a todos que “Él nos amó primero”.

¡Alabado sea Jesucristo!