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Más vínculos para prevenir adicciones y fortalecer la cultura de la vida

En el Día Internacional contra el Tráfico Ilícito y Abuso de Drogas, que se conmemora cada 26 de junio, renovamos nuestro compromiso de “abrazar todas las vidas, toda la vida”.

 

“La droga es una herida en nuestra sociedad. Una herida que atrapa a mucha gente en las redes” Papa Francisco

Todos estamos llamados a combatir la producción, la elaboración y la distribución de la droga en el mundo… Ante este escenario preocupante, la Iglesia siente con urgencia la necesidad de instaurar en el mundo contemporáneo una forma de humanismo que vuelva a situar a la persona humana en el centro de la vida social económica y cultural; Un humanismo cuyo fundamento es el ‘Evangelio de la Misericordia'”. Papa Francisco, 1/12/2018

 

Desde hace tiempo, nuestro compromiso con la vida ha resonado en el ámbito de la lucha contra las adicciones con nuestra campaña -y luego programa- “Probá no probar”.

En ese marco, hemos venido trabajando con el objetivo de prevenir y fortalecer la cultura de la vida y del sentido, promoviendo entre los jóvenes, que cada vez comienzan a edades más tempranas, y entre los no tan jóvenes, una vida integrada y digna, que les permita no caer en el doloroso vacío de la droga, y que si han caído puedan encontrar cauces de superación personal y comunitarias.

A la vez, nuestra voz se une a todos los que luchan proféticamente, contra el narcotráfico y el narconegocio, hipotecando la vida de tantos hermanos nuestros, especialmente en las barriadas más populares y pobres.

Asumiendo como camino la propuesta de las “tres C” -Capilla/Colegio/Club- invitamos a que nuestras comunidades generen fuertes vínculos entre estas tres instituciones para que cada uno por separados y los tres juntos trabajen por la prevención y contención de los chicos y chicas de los barrios.

 

Jornadas deportivas

En concordancia con lo propuesto por la Pastoral Nacional sobre Adicciones y Drogadicción, de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) en su último encuentro, queremos proponerles que el Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas o en los días cercanos -el fin de semana anterior o el posterior- realicen, en forma diocesana o parroquial, actividades deportivas bajo el lema:

“Ganemos la calle con el deporte inclusivo”

El Papa Francisco, hablando a los jóvenes con motivo del 70º aniversario del Centro Sportivo Italiano dijo: «Les deseo también que sientan el gusto, la belleza del juego de equipo, que es muy importante para la vida. No al individualismo: No a desarrollar el juego para sí mismos. En mi tierra, cuando un jugador hace esto, le decimos: “Pero, ¡este quiere comerse la pelota!”. No, esto es individualismo: no se coman la pelota, desarrollen el juego de equipo. Pertenecer a una sociedad deportiva quiere decir rechazar toda forma de egoísmo y de aislamiento, es la ocasión para encontrarse y estar con los demás, para ayudarse mutuamente, para competir en la estima recíproca y crecer en la fraternidad.»

  • La idea es generar actividades deportivas o recreativas en las plazas o en las calles de nuestros barrios dirigidas a niños y jóvenes, favoreciendo la promoción del deporte para la prevención de adicciones.
  • También podemos proponer campeonatos abiertos a los jóvenes y niños de la comunidad donde estemos insertos.
  • Muchas son las experiencias que en nuestras diócesis se realizan ya en este sentido
  • Es importante que si elegimos actividades deportivas cuidemos especialmente el espíritu de las mismas.

La actividad puede acompañarse con una campaña de prevención, repartiendo folletos realizados especialmente para ese día o aprovechando el modelo de la campaña “Probá no probar”, realizada por la Institución hace unos años.

“El deporte es un ámbito en el que se experimenta de forma muy concreta la invitación a ser una Iglesia que sale al encuentro, no a construir muros y fronteras, sino puentes y hospitales de campaña”.

Más que muchas otras plataformas, el deporte reúne a los oprimidos y poderosos, los marginados, los inmigrantes y los nativos, los ricos y los pobres, en torno a un interés compartido y, en ocasiones, en un espacio común. Para la Iglesia, cualquier realidad presenta en sí misma una invitación al encuentro con otras personas de diferentes procedencias y con circunstancias vitales muy diferentes. A la vez que la Iglesia da la bienvenida a todo el que acude a ella, también sale al mundo. Como dice el Papa Francisco «el camino de la Iglesia es precisamente el de salir del propio recinto para ir a buscar a los lejanos en las “periferias” esenciales de la existencia; no sólo acoger e integrar, con valor evangélico, a aquellos que llaman a la puerta, sino salir, ir a buscar, sin prejuicios y sin miedos, a los lejanos, manifestándoles gratuitamente aquello que también nosotros hemos recibido gratuitamente».

 

RECURSOS

 

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