La historia de la Acción Católica a lo largo de sus ricos 75 años, ha ido teniendo acontecimientos significativos entre los que se destacan sus “Asambleas Federales”, que a partir del cambio estatutario, de una “federación de asociaciones” por una Institución desde 1993, pasó a llamarse ASAMBLEA FEDERAL.
Las Asambleas, que con características diversas desde 1933, fueron expresando en su lema, hacia adentro y hacia fuera, “una visión” de la Acción Católica, tras su misión.
En aquel principio lejano, cada Rama expresaba en él su estilo o acción programática luego-a partir de la década de 1970- un solo lema unificaba esa visión para todas las Ramas y finalmente con el proceso de unidad se consolidó esta tendencia de expresar el sentir, el vivir, y la propuesta en una frase común a todos.
Un recorrido por ellos, al menos de aquellos con los que contamos en los archivos gráficos, nos muestran dos modos de expresión de los lemas. Uno en frases evangélicas, el otro con frases que contextualizan una actitud y el proyecto para el trienio con palabras propias del momento.
Frente a una historia agradecida y al desafío del mañana: un lema
De algún modo, todos nosotros hemos sido y somos parte de esta historia. Para algunos vivida desde sus comienzos, para otros esa “participación” se mide en varios decenios o años. Lo cierto es, que todos podemos sentirnos protagonistas de estos 75 años de vida que celebraremos en el marco de la 25 Asamblea Federal, en la ciudad de Rosario.
Frente a esta historia que es”don y tarea”, queremos asumir con una memoria agradecida el maravilloso desafío del presente.
Memoria agradecida que reconoce a tantas y tantos testigos fieles, a tantos ejemplos de vida militante, que con su vida hicieron posible que el carisma, recibido como don, se encarnara y estuviera al servicio de la Iglesia y de la realidad argentina.
El hacer memoria nos permite mirar los talentos que nuestra Institución ha recibido a lo largo de su camino en las múltiples vertientes de su identidad.
El hacer memoria nos ayuda a reconocer una vez más, con espíritu humilde –como lo hicimos con ocasión del jubileo del año 2000– que los pecados y errores cometidos siguen siendo un desafío para renovar nuestra confianza en la bondad de Dios y para abrirnos a su gracia y su perdón.
El hacer memoria nos confirma en la esperanza porque la fidelidad de Dios nos trasciende y su infinita misericordia derramada gratuitamente en nuestros corazones espera de nosotros una libre y apasionada respuesta, que se abra al don y lo irradie a cuantos quieran recibirlo.
Al elegir entonces, el lema de la 25 Asamblea Federal, sobre la mesa convergieron la historia y el futuro, las situaciones vividas y las expectativas de cambio con una firme convicción a compartir: VIVIR el Evangelio de Jesús, desde el carisma que nos es propio, encarnado en la vida de la institución y de cada uno de nosotros, los militantes.
Cada lema del pasado fue el eco y el marco para la propuesta que sintetizara nuestro hoy y nuestra visión del mañana.
Hagamos juntos un pequeño recorrido: Cristo en todos.Fuertes en la Fe..., Unidos Forjemos la patria futura, Sentir con la Iglesia, El mundo creerá viviendo en unidad, Unidos amemos la Iglesia de Cristo. Fieles a la iglesia, presentes en el mundo anunciemos a Cristo, Unidos en la Iglesia, sirvamos al país. Renovarnos para Servir. Una nueva Acción Católica para una Nueva evangelización, No podemos callar lo que hemos visto y oído. Los elegí para que vayan y den frutos” Seamos uno para que el mundo crea. Estoy entre ustedes como el que sirve.
Sin duda el eslabón, de hito a hito, ha sido la clara conciencia del servicio evangelizador que la Acción Católica asume y encarna como identidad en la iglesia y en lo temporal teniendo como ideal ser para el mundo presencia de Cristo a quien amamos, seguimos y anunciamos-por que lo vivimos- como Aquel que es capaz de transformar la historia del hombre y de cada hombre..
Acción Católica , Pasión y servicio
“La Acción Católica ha de redescubrir la pasión por el anuncio del Evangelio” (1)
“¡Acción Católica, no tengas miedo!¡Acción Católica ten coraje de futuro!. (2)
“La Iglesia tiene necesidad de la Acción Católica”. El Papa conoce vuestra fidelidad y sabe que puede contar con vuestra entrega total a la Santa Iglesia de Dios (3)
Estas afirmaciones del magisterio de S.S. Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI son una clara y definida invitación a cómo debe vivir la Acción Católica.
“No podemos callar…”, “los elegí, den frutos” “sean uno” ““estoy entre ustedes como el que sirve” es el eco del mandato misionero de nuestras últimas Asambleas Federales (4)
Ante la celebración de los 75 años de nuestra historia como AC en Argentina, y frente a nuestra próxima Asamblea Federal entonces, convergen una invitación desafiante y la convicción profunda de que el Evangelio es la fuerza transformadora de la historia.
También antes estos acontecimientos, contemplamos la fervorosa respuesta que tantos hermanos supieron dar (don) y aceptamos el reto de encarnar ese entusiasmo contagioso para vencer las tentaciones del desánimo, del cansancio, y de nuestras propias debilidades… Para servir con alegría a Jesús en su Iglesia y en cada uno de los hermanos más necesitados con quienes Él se identifica. (5)
Nos preguntamos: ¿Cuál es la actitud que nos dispone y que se hace norte para recordarnos que LA PALABRA de Cristo y de la Iglesia aún debe ser más plenamente vivida y asumida con el vigor tal que ha movilizado a tantos Santos y beatos enamorados de Dios desde la Acción Católica?....
El concepto que encarna esta actitud contemplada y deseada para este presente institucional es PASION.
Pasión, que como recuerda el Catecismo (6) es patrimonio del pensamiento cristiano y designa a las emociones o sentimientos que nos inclinan a obrar o a no obrar en razón de lo que es sentido para ser plenamente vivido
Pasión como fuerza vehemente que asume la PALABRA y la hace viva.
Pasión es pues aquella actitud que compromete a la razón y al sentimiento tras la fuerza vivificadora del amor que se vive y se pone en lo que se realiza dando a la vida su sentido.
Pasión es el talante de aquel que tiene capacidad de entrega libre, amorosa, consciente y total.
Pasión es la expresión con que reconocemos el modo asumido por Jesús para vivir la Voluntad de Dios con fidelidad y alegría, sin renunciar al sufrimiento, hasta dar la vida para que todos los hombres tengan vida…
Pasión que nos permita vivir nuestra vida cristiana, nuestra vida militante de AC , nuestro compromiso evangelizador movilizando tras ella todo nuestro ser: nuestra inteligencia, nuestra voluntad y nuestro sentimiento para proclamar con vigor junto al salmista”Mi corazón y mi carne gritan de alegría hacia el Dios vivo” (sal 84,3)
¿Pero qué más? ¿Qué otra síntesis caracteriza esta historia y este presente?
“Sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, él, que había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el fin.
Durante la Cena, […] se levantó de la mesa, se sacó el manto y tomando una toalla se la ató a la cintura”. (7)
El servicio es la clave para entender el misterio de la Pasión redentora. No es una entrega especulativa, es una oblación amorosa.
El servicio es la clave para reconocer a los discípulos de Jesús. Él nos dio el ejemplo y nos advirtió “para que hagan los mismo entre ustedes”. (8)
Sí, Servicio.
Servicio es la constante de nuestra Institución, insertada en el tejido eclesial, en diversas tareas pastorales. Cientos de catequistas, animadores de la liturgia, misioneros, ministros de la Eucaristía y del alivio, son abnegados miembros de nuestros grupos de militancia.
Servicio, que en más de un momento de nuestra historia ha dado, aun en el desgarro que produce la fecundidad, a muchos dirigentes sólidamente formados para conducir proyectos pastorales orgánicos, nuevos movimientos o asociaciones.
Servicio, en el protagonismo social, animando diversas tareas en la comunidad civil, siendo presencia activa en los distintos ambientes de vida, asumiendo un modo de vivir lo temporal en la familia, el estudio, el trabajo, etc.
Servicio expresado en obras de promoción del hombre y de su dignidad humana., en tiempo en que la solidaridad fue la única esperaza de mantener firme el tejido social resquebrajado.
Servicio, en el trabajo mano a mano, con las distintas organizaciones de la Iglesia de la sociedad civil y de otras religiones para hacer de este nuestro tiempo, un tiempo para construir el Bien Común.
Esto ha sido, esto es y está llamada a ser la Acción Católica.
Una institución que con profunda conciencia de Iglesia, y un amor inquebrantable por el Señor de la historia y por la salvación de los hombres mira el pasado, el presente y el futuro con la esperanza que nos da el Espíritu Santo.
Una institución en la que somos invitados a la CONTEMPLACIÓN del rostro de Jesús…; en la que somos llamados a ser fermento de COMUNIÓN en la Iglesia y en la sociedad…; en la que somos impulsados a vivir el servicio de la MISIÓN irradiando el Evangelio en todos los ambientes.
Si bien la mediocridad espiritual puede asaltarnos e invitarnos a abandonar la tarea y querer lavar las redes, como los apóstoles en aquella triste jornada, sin embargo vuelve a sonar en nuestros oídos la invitación de Jesús repetida por su Vicario… Duc in Altum, Acción Católica; sube a la barca y con Pedro navega mar adentro… Duc in Altum! con PASION Y SERVICIO.
(1) Pablo VI
(2) Juan Pablo II , al CIAC. Sep 2005 (2004)
(3) Benedicto XVI, 23 de abril 2005
(4) 1993,1997,1999, 2002
(5) Cf. Mt 25.
(6) Cat.I.C. 1763
(7) Jn 13, 1-4
(8) Cf Jn 13, 15-17
“Sólo quien ama “apasionadamente” a Jesús y a los hombres, sólo quien está dispuesto a servir al “Cristo total”, feliz expresión de san Agustín para referirse a la Iglesia toda, Cabeza y miembros; puede extasiarse en la dulce contemplación del Señor, puede lanzarse a la tarea de la misión y a la construcción de la unidad.”
Acerca de Acción Católica y la Pasión
En la Sagrada Escritura la palabra “pasión” aparece muchas veces; pero no siempre con el sentido que nosotros queremos darle hoy. Así, nos referimos a la “pasión de Jesús” a la cual se alude en Lc. 22, 15 y en Hch. 1, 3; tampoco nos referimos a la pasión desordenada, aquella a la que en su Carta a los Colosenses san Pablo nos invita a hacer morir junto con la lujuria, la impureza, los malos deseos y la avaricia (cf. Col. 3, 5). La “pasión” a la cual me refiero ahora, se relaciona más bien con la que el mismo Apóstol nos invita a cultivar cuando nos dice: “Amen con sinceridad. Tengan horror al mal y pasión por el bien” (Rom. 12, 9). Mucho más profundos todavía, y más cercanos a lo que nosotros queremos expresar en el lema de las próximas Asambleas Federales, son los textos en los que se utiliza la palabra que en griego (lengua original del Nuevo Testamento) se dice zelos y que puede traducirse por “pasión”, “celo” o “ardor”. La Acción Católica quiere abrirse hacia el futuro con celo, con ardor, es decir, “fervorosamente” y no con tibieza.
- Sobre la Acción Católica y el servicio
En las Sagradas Escrituras la palabra “servicio” tiene al menos dos connotaciones: Una que podríamos llamar “negativa” y otra que denominaríamos como “positiva”.
Negativa es la acepción de servicio que alude al sometimiento del hombre por el hombre; a ella se refiere la Biblia cuando narra, por ejemplo, la “servidumbre” a la que los egipcios sometieron al Pueblo de Israel (Gn. 47, 21)
Nosotros, que tenemos que cultivar los mismos sentimientos de Dios, debemos asumir como un servicio propio de la Acción Católica la eliminación de tantas servidumbres de nuestros hermanos; servidumbres que los atan e inmovilizan, y así podremos cumplir lo que a través de Isaías el Señor nos propone como sacrificio agradable: “Este es el ayuno que yo amo –oráculo del Señor–: soltar las cadenas injustas, desatar los lazos del yugo, dejar en libertad a los oprimidos y romper todos los yugos; compartir tu pan con el hambriento y albergar a los pobres sin techo; cubrir al que veas desnudo y no despreocuparte de tu propia carne” (Is. 58, 6-7).
No obstante, la palabra “servicio” tiene en la Biblia un sentido mucho más positivo que no querría dejar de señalar. Existe un “servicio” que en vez de esclavizar, libera: Es, en primer lugar, el servicio a Dios, hecho como ofrenda cultual (cf. 2 Sam. 15, 8) y sobre todo como entrega de obediencia amorosa que se expresa en todas las acciones de la vida. Es el servicio que se nos ordena en los mandamientos y que Jesús recoge en su predicación: “Teme al Señor, tu Dios, sírvelo y jura por su nombre” (Deut. 6, 13) dice Moisés, y Jesús recuerda que el mandamiento más grande es: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu” (Mt. 22, 37).
Pero “servir a Dios” tiene también otra dimensión: Se sirve a Dios sirviendo a los hombres; por ello, Jesús se presenta a sí mismo como el que ha venidopara hacer la voluntad del Padre (Jn. 6, 38) y para servir: “El mismo Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud” (Mc. 10, 45); Él está en medio nuestro como “el que sirve” (Lc. 22, 27) y nos manda hacer lo mismo a nosotros respecto a nuestros hermanos: Después de lavar los pies a sus discípulos –gesto sublime de amor y servicio– nos recuerda: “Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes” (Jn. 13, 15).
Servir a Jesús en los hombres tiene muchas formas de ejercicio: Es anunciar su Palabra (Hch. 6, 4), ministerio al que san Pablo califica como un “oficio sagrado” (Rom. 15, 16); es atender a las mesas de los hermanos con actitud de diakonía (Hch. 6, 14); se cumple cuando el primero entre nosotros se hace “servidor de todos” (Mc. 10, 44), cuando “el que gobierna” se comporta “como un servidor” (Lc. 22, 26); etc. Pero el servicio al hermano adquiere una densidad única cuando se convierte en criterio de salvación o condenación para el seguidor de Jesús; cuando “el Hijo del hombre venga en su gloria” y decida nuestro destino final, teniendo en cuenta si dimos o no de comer al hambriento, si calmamos la sed del sediento, si alojamos al peregrino, si vestimos al desnudo o visitamos al enfermo y al preso (cf. Mt. 25, 31-46). Sólo si actuamos así en esta vida, podremos escuchar de sus labios la frase: “Vengan benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo” (Mt. 25, 34).
¡Qué palabras tan bellas y exigentes al mismo tiempo! ¡Qué programa para el área sectores y para toda la Institución! Quiera Dios que nos calen hondo y no las dejemos caer al borde del camino, o entre las piedras de la inconstancia o las espinas de nuestras preocupaciones (cf. Lc. 8, 4-15).
San Agustín, En. Ps., 29, I; En. Ps., 30, III; En. Ps. 56, etc.
Esta expresión, frecuentemente mal traducida, puede interpretarse como “no desentenderte de tu semejante”.

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