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ACCIÓN CATÓLICA:
CONTEXTO HISTÓRICO DE SU CREACIÓN
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Su
gestación se remonta a fines del siglo XIX y comienzos
del XX, cuando el auge del liberalismo y el comunismo puso en
guardia al Vaticano. Preocupada por las amenazas por derecha
y por izquierda a la cohesión de sus filas, la Iglesia
consideró que los esfuerzos de sus prelados no eran suficientes
para afrontar los desafíos ideológicos.
S. S. Pío XI dirige su mirada a los laicos. Hace entonces
un llamado especial a los seglares para que estrechen filas
en torno a la Iglesia y tomen una posición más
comprometida con su jerarquía . Surge, así, la
Acción Católica
El Episcopado argentino no tardó en conformar la versión
local de la incipiente entidad: la Iglesia vernácula
se sentía acechada por el liberalismo laicista. . Así
las cosas, a fines de los años 20, el Episcopado envió
a Roma a cuatro sacerdotes -entre ellos a Antonio Caggiano (considerado
el "padre" de la ACA y a la postre cardenal primado)-
para estudiar el modelo italiano de la nueva institución.
En 1931, los obispos anunciaron la creación de la Acción
Católica Argentina. Su confirmación como el gran
brazo laico de la Iglesia argentina llegó tres años
más tarde, al tener una participación decisiva
en los preparativos y el desarrollo del Congreso Eucarístico
Internacional, de 1934. El encuentro fue el hecho religioso
más importante del catolicismo nacional durante el siglo
XX por lo multitudinario y fervoroso. Constituyó una
bisagra en la historia de la Iglesia en el país, gracias
-en buena medida- a la Acción Católica.
La Carta Pastoral transcripta a continuación fue publicada
en el boletín Oficial de la Acción Católica
Argentina, fechado el 15 de Mayo de 1931
CARTA PASTORAL COLECTIVA
DEL EPISCOPADO ARGENTINO
SOBRE LA ACCIÓN CATÓLICA
¡Amados Hijos en Nuestro Señor Jesucristo!
La importancia del asunto que ha motivado esta Carta Colectiva
de todo el Episcopado Argentino, debe excitaros a recibir nuestra
palabra pastoral con despierta atención y resuelta generosidad
de espíritu, viendo en ella un llamamiento de Dios, comunicado
a la Iglesia Universal por el Romano Pontífice y transmitido
a vosotros por vuestros legítimos Pastores.
Como os hemos anunciado en nuestra carta pastoral del 1º
de diciembre de 1928, la asociación que fue en su tiempo
creada para unir vuestras fuerzas, La Unión Popular,
ha sido reformada, de acuerdo con las enseñanzas que
han sido sugeridas por una experiencia de largos años,
no sólo nuestra, sino, sobre todo, del Centro de la Cristiandad,
donde el Sumo Pontífice Pío XI, gloriosamente
reinante, personalmente ha llevado a la práctica en forma
admirable el concepto de Acción Católica, reformando
la anterior organización de la fuerzas católicas
de Italia.
Por esta razón, como os escribíamos entonces,
se ha resuelto el cambio de nombre de la organización
por el de 'Acción Católica Argentina', que responde
exactamente a las finalidades perseguidas.
Queremos, pues, promulgar, por medio de estas líneas,
los Estatutos de la Acción Católica Argentina,
cuyo texto publicamos adjunto; y, al mismo tiempo declaramos
que, desde esta fecha, queda oficialmente establecida en nuestra
querida Patria, la providencial organización general
de las energías apostólicas del pueblo cristiano,
que se conoce con el nombre de Acción Católica,
tal como ésta ha sido definida y modelada por el gran
Pontífice que, con tanta firmeza y tan sereno pulso,
empuña actualmente el timón de la nave de San
Pedro.
Concepto y origen de la Acción Católica
En el fondo, como nos lo enseña el mismo Soberano Pontífice,
no es ninguna novedad ni el concepto ni la práctica de
la Acción Católica. Consiste ésta en adaptar
a las necesidades y circunstancias actuales del mundo aquella
cooperación que prestaron, desde el principio de la Iglesia,
los fieles de ambos sexos a los Apóstoles y a los Pastores
jerárquicos de cada territorio, para ayudarles en la
gran obra de la evangelización del mundo y de la difusión
del reino de Dios en la tierra, bajo la dirección inmediata
de los mismos Apóstoles y Pastores.
El Apóstol San Pablo, en sus inspiradas Epístolas
no se cansa de manifestar su profunda gratitud y cariño
a los fieles de ambos sexos, tanto casados como solteros, que,
bajo su dirección, se dedicaban a los trabajos apostólicos,
verdadera y genuina Acción Católica de aquellos
tiempos.
Baste citar, por vía del ejemplo, lo que escribía
a los Romanos: ' Os recomiendo a nuestra hermana Febe, que está
al servicio de la Iglesia de Cencrea...Saludad a Prisca y a
(su esposo) Aquila, que trabajaron conmigo en Jesucristo...Saludad
a María, que trabajó mucho entre vosotros...Saludad
a Andrónico y a Junia, mis allegados y concautivos, que
se han señalado en el Apostolado...Saludad a Trifena
y a Trifosa, que trabajan en el Señor. Saludad a nuestra
amada Preside, que trabajó mucho en el Señor (Epístola
de los Romanos, XVI)
Esta misma generosa ayuda pide hoy al pueblo cristiano el Romano
Pontífice y el Episcopado católico. Los tiempos
son duros para las almas: el paganismo de las ideas y de las
costumbres se va enseñoreando de los pueblos y de los
gobiernos, de las leyes, de la prensa, de las cátedras
y de la vida social, de las diversiones públicas y de
las relaciones domésticas; el Clero es escaso y pobre
de recursos; la impiedad se organiza, para hacer cada vez más
eficaces, sistemáticos y formidables sus ataques. Si
los hijos de Dios permanecen aislados, desorganizados, e inactivos,
serán arrollados por los hijos de la antigua Serpiente,
que quieren establecer en el mundo el reino de aquella Bestia
del Apocalipsis que promete libertad a todos los instintos materialistas.
Adaptación a las necesidades actuales.
No podremos luchar contra los nuevos enemigos y contra la nueva
táctica, con las armas de antaño y con la táctica
de otros tiempos.
Sería deplorable la suerte del más intrépido
caballero, si cometiese la imprudencia de presentarse ante una
ametralladora moderna, con la lanza de Alejandro, con el escudo
de Julio Cesar y con la espada del Cid.
No restamos ningún mérito a los antiguos paladines;
pero sabemos que aquellos héroes se valdrían hoy
en día de otra clase de instrumentos y de táctica
diferente, conservando el mismo valor y desplegando igual maestría.
La nueva organización del apostolado seglar, denominada
Acción Católica, es un regalo que nos envía
la divina Providencia, para ayudarnos a triunfar con mayor éxito,
en las nuevas batallas del Señor.
Todos los Papas de los últimos tiempos han ido modelando
y perfeccionando, con sucesivos aportes, el plan adoptado, hasta
que le ha dado su forma definitiva y lo ha sometido a la prueba
de la experiencia, en el centro mismo del orbe cristiano, el
actual Vicario de Cristo, nuestro gran Pontífice Pío
XI.
Nosotros nos hemos sentido felices al adoptar el plan mencionado,
acomodándolo a las condiciones especiales de nuestra
Patria.
La Acción Católica y las cofradías piadosas
Para evitar confusiones queremos añadir unas breves
advertencias
La Acción Católica no es una cofradía
piadosa. Su fin directo e inmediato no es el bien particular
de cada socio, sino el ejercicio de un apostolado orgánico,
para reafirmar y extender más y más en nuestro
pueblo el reinado social de Jesucristo. La perfección
y la santidad individual, que promueven y conservan las cofradías
piadosas, es una condición y prerrequisito indispensable,
en los socios militantes de la Acción Católica,
para que su actuación sea espiritualmente fecunda y eficaz;
es también una consecuencia que fluye naturalmente del
ejercicio del apostolado cristiano; pero no es su finalidad
social específica, ni el carácter que la distingue
de todas las demás sociedades.
La Acción Católica y las obras económico-sociales
No hay que confundir tampoco la Acción Católica
con la acción económico-social. Esta última,
en los asuntos relacionados con los principios religiosos y
morales, debe preocupar a los militantes de la Acción
Católica, para infundir en ella el espíritu cristiano,
como en todos los demás organismos sociales; puede también
la Acción Católica preparar dirigentes y colaboradores
aptos, para que trabajen con fruto en las obras económico-sociales;
puede, finalmente, celebrar con éstas ciertos convenios
o alianzas que redunden en mutuas ventajas sociales; pero nunca
debe olvidar la Acción Católica que su carácter
distintivo es el apostolado espiritual, bajo la directa dependencia
de la Jerarquía Eclesiástica, y que no debe comprometer
su dignidad ni la de la Iglesia, con responsabilidades y deberes
de orden exclusiva o predominantemente material.
La Acción Católica y las asociaciones religiosas
Además, si bien es cierto que las Asociaciones Religiosas,
de beneficencia, o de apostolado, por su finalidad y por sus
mismas formas de organización peculiar son, por eso mismo,
distintas de la Acción Católica propiamente dicha,
queremos, sin embargo, recordaros que ellas son y serán
las verdaderas y providenciales auxiliares de la misma, manteniendo
siempre su fisonomía y autonomía propias en el
trabajo tan laudable y fundamental de formación espiritual
y ejercicio de la piedad y caridad, con que preparan las almas
para el apostolado. Por lo cual hacemos nuestra la recomendación
del Emmo. Card. Secretario de Estado Mons. Pacelli a la Acción
Católica Italiana: ' Su finalidad y las indicaciones,
de la S. Sede principalmente en recientes cartas pontificias,
exigen que entre estas instituciones (religiosas) y la de la
Acción Católica reine siempre una mutua cooperación,
la cual al mismo tiempo multiplique y coordine su eficacia,
para bien de las almas y para ventaja de la Iglesia'
La Acción Católica y la política
Declaramos también solemnemente que la Acción
Católica está fuera y por encima de todos los
partidos políticos, lo mismos que la Iglesia Católica.
Siempre que la política no atente contra el depósito
intangible de principios religiosos y morales, cuya custodia
encomendó Jesucristo a la Iglesia, en virtud de su Autoridad
Divina, anterior y superior a todas las Autoridades del mundo
y a todas las soberanías del cielo, de la tierra y de
los infiernos, la política no debe temer nada de la Iglesia
ni de la Acción Católica.
Si alguna vez la política se convirtiese en agresora
injusta de ese depósito sagrado, la Iglesia cumpliría
con el doloroso deber de rechazar la agresión, con las
armas espirituales de que la dotó su Divino Fundador,
cuidando muy bien de no descender al plano de los partidismos
políticos y de los intereses personales.
Esto no quiere decir que la Iglesia y la Acción Católica
sean infecundas en bienes políticos, sociales y económicos.
Muy al contrario: su purísima y divina moral, sus luminosos
e inconmovibles principios doctrinales, su acción santificadora
y elevadora del hombre, hasta la dignidad de los hijos de Dios
y hasta la igualdad y hasta la igualdad de los hermanos en Jesucristo,
su constante predicación del precepto supremo del amor
mutuo, impuesto por Jesucristo a todos sus discípulos,
produce en el pueblo ubérrimos frutos de orden político,
social y económico, sin los inconvenientes de las luchas
partidistas y sin los rencores que fácilmente engendra
la guerra de intereses.
Llamamiento a los católicos.
Recibid, pues, Venerables Hermanos y Amados Hijos, nuestra
paternal invitación al apostolado seglar y a las filas
de la Acción Católica, sin temores ni suspicacias,
con ánimo resuelto y corazón generoso. Es Dios
el que os llama, por medio de vuestros legítimos Pastores,
para trabajar en el engrandecimiento del reino de Jesucristo,
en nuestra querida Patria. ' Oportel... illum regnare', os diremos
con el Apóstol (Epístola I a los Corintios, XV,
25) ' Es necesario que el reine'.
Ofreced primeramente vuestra cooperación a vuestro propio
párroco. La parroquia es la primera célula del
organismo de la Acción Católica. Allí está
la raíz. De allí ha de venir la savia más
fecunda y vigorosa.
Agrupad todos los organismos parroquiales, en torno de vuestro
Obispo, por medio de las Juntas Diocesanas. Porque es absurdo
el ejercicio de un apostolado jerárquico, sin sujeción
a la Jerarquía.
A su vez, los organismos diocesanos concentrarán y coordinaran
sus esfuerzos, constituyendo un solo Cuerpo Nacional, que secundará
fielmente el movimiento impreso a la Acción Católica
del mundo entero por la Suprema Autoridad Jerárquica
de la Iglesia.
Considerad la alteza de la dignidad cuasi sacerdotal a que
sois llamados. Los socios militantes de la Acción Católica,
según lo dice el mismo Pio XI, en su hermosa Carta al
Cardenal Segura, 'son llamados, por una muy singular gracia
de Dios, para esta obra tan semejante al sacerdocio, puesto
que la Acción Católica no es otra cosa que el
apostolado de los fieles, que, bajo la guía de los Obispos,
ayudan a la Iglesia y completan, en cierta manera, su misterio'.
Nada tenemos que añadir a estas palabras, para convencernos
de la importancia del llamamiento que os dirigimos.
Sólo nos resta recordaros la exhortación de nuestra
anterior pastoral ' Una vez más os pedimos, amados hijos,
por el infinito amor de Jesucristo Nuestro Señor, que
unáis vuestras fuerzas y vuestra voluntades para la obra
magna de la Acción Católica, tan necesaria en
nuestros tiempos, mientras vuestros Prelados repetimos la tiernísima
plegaria que el Redentor Divino dirigía a su Eterno Padre
en su última Cena: 'Ruego que todos sean una misma cosa
y que como Tú ¡oh Padre! Estás en Mí
y yo en Ti por identidad de naturaleza, así sean ellos
una misma cosa en nosotros por unión de amor, para que
el mundo crea que me has enviado' Jn XVII, 21
Os pedimos, en fin, vuestro apoyo decidido, con las palabras
que dirigió Moisés a la parte sana de su pueblo,
exclamando en la puerta del campamento 'Si quis est Domini,
jungatur mihi' (Exodo XXXII, 26). 'Si alguien es del Señor,
júntese a mí'
Que la bendición de Dios Padre, de Dios Hijo y de Dios
Espíritu Santo descienda sobre vosotros y permanezca
siempre. Amén
Dada en Buenos Aires el domingo de Resurrección, 5 de
abril del
año del Señor de 1931
Fray José María, arzobispo de Buenos Aires- Juan
Agustín, obispo de Santa Fe- Francisco, obispo de La
Plata- Luis María, obispo de Corrientes- José
Américo, obispo de Cuyo- Julio, obispo de Salta- Fermín,
obispo de Córdoba- Julián, obispo de Paraná-
Audino, obispo de Santiago del Estero- Agustín, obispo
de Tucumán- Julio Arnedo, vicario capitular de Catamarca

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