| IASI II ENCUENTRO
CONTINENTAL EUROPEO
SINTESIS FINAL
Del 31 de julio al 2 de agosto ha tenido lugar el Seminario
de (Iasi) en Rumania el II Encuentro Continental Europeo del
Foro Internacional de la Acción Católica (FIAC)
sobre el tema Cristo Salvador ayer, hoy y siempre - Cristianos
y comunidades signo de esperanza para Europa - Caminos para
la formación y misión de los laicos en los diversos
ambientes.
El Encuentro se ubica en preparación a la II Asamblea
Especial del Sínodo de los Obispos para Europa y en el
camino de la preparación al Gran Jubileo del Año
2000.
Han participado representantes de países miembros y observadores
del FIAC: España, Italia, Suiza it., Malta, Eslovaquia,
Rep. de Moldavia, Rumania de rito greco-católica y de
rito latino y representantes del MIDADE.
Nos hemos reunido en Rumania, en un país del Este Europeo,
para expresar concretamente nuestro empeño común
de laicos de Acción Católica en la construcción
de una única Europa 'del Atlántico a los Urales'.
Los Lineamientos de la próxima Asamblea Sinodal - con
el cuestionario final - son el orden, el punto de referencia,
de nuestro trabajo. Fieles al tema de nuestro encuentro y recogiendo
la invitación a la consulta hemos buscado de leer en
los contextos diversos en que los cristianos viven en Europa
y de elaborar las propuestas concretas para contribuir al camino
de formación y de misión para laicos testimonios
de la cruz y de la resurrección en Europa.
I Parte
Se nos ha pedido que en cierto modo los laicos de la A.C. vivamos
la participación y la corresponsabilidad en la Iglesia
acerca de cualquier diálogo, llevando su contribución
en la Iglesia y entre las iglesias y en particular, cualquier
tipo de comunicación exista entre las asociaciones y
los movimientos: impulsados por el Espíritu todos los
fieles laicos son llamados a alimentar continuamente la tensión
misionera de la pastoral.
Del examen de las diversas situaciones emerge que los laicos
están bastante presentes en la vida ordinaria de la Iglesia
(Catequesis, liturgia, empeño misionero, pastoral...);
crece la toma de conciencia de la vocación laical en
la comunidad cristiana de que todos los bautizados son 'piedras
vivas' y que los fieles laicos son el signo en el mundo - allá
donde, a menudo, no es 'visible' su testimonio.
Emerge un buen nivel de diálogo en términos de
consejos pastorales, momentos sinodales y de intercambio ecuménico.
En alguna diócesis los encuentros entre pastores y jóvenes
son un ulterior momento de diálogo e intercambio. Al
mismo tiempo, se entrevé un riesgo de centralización
de la pastoral que no ve un pleno implicar de laicos comprometidos.
Si hay una buena comunicación entre las asociaciones
y los movimientos especialmente a través de la Consulta
de los laicos. No encontramos buena información, frecuentemente
informales, con las otras iglesias; es viva la exigencia del
diálogo con las personas de otras religiones y con la
cultura.
Además es causa de preocupación para el presente
y el futuro de la evangelización al este y al oeste que
emergen los elementos comunes que caracterizan el secularismo:
el indiferentismo, la negación de lo religioso en la
vida, el consumismo, el 'never ending noise' (ruido sin fin)
(música, radio...) que no permite vivir jamás
un poco de soledad.
La falta del sentido de Dios, de trascendencia, del sentido
de pecado, la libertad separada de la verdad, la atención
al individuo más que a la persona, el progreso ligado
a los intereses prevalece sin respetar los valores de la familia
y de la moral, la ciencia y la técnica separadas de la
ética, el dinero y la profesión como objetivos
principales, la diversión por la diversión, el
miedo al sacrificio: son algunos de los factores que podemos
encontrar: provocando inquietud más al mismo tiempo solicitando
una fuerte exigencia de tomar las señales positivas en
general hasta el momento de verificar la incidencia del cristianismo
en nuestro continente.
En este cuadro de referencia contradictorio la sociedad continua
mirando a la Iglesia como interlocutora a que se dirija para
ser ayuda sobre todo en el campo de la búsqueda del sentido
de la vida, para la educación a los valores, en la atención
a los jóvenes, para realzar la nueva y antigua pobreza
en referencia a los temas de la globalización y de la
solidaridad.
II Parte
Encarnados en esta realidad, los laicos de la Acción
Católica son llamados a responder en plenitud a su vocación
por ser, como dice la Carta a Diogneto 'alma en el mundo', y
por tanto a guardar siempre lo esencial acogiendo y reforzando
la fe en Jesucristo viviente en su Iglesia - corazón
de su formación y testimonio.
Con esta perspectiva emerge la necesidad de una espiritualidad
encarnada que, a partir de la problemática de la persona,
ayude a ser santos en la vida de todos los días, permita
descubrir de modo más implicante los sacramentos en su
contenido y profundidad, como don de Dios. En cualquier realidad
- por ejemplo - el provecho de la Adoración Eucarística
se convierte en un momento muy enriquecedor. Sobre todo a los
jóvenes que piden un camino de espiritualidad falta ofrecer
ocasiones que susciten la demanda de sentido en el encuentro
con Cristo.
La propuesta de formación debe apuntar a un itinerario
global, permanente que ayude a 'ser' laicos y para operar el
discernimiento sobre las cosas para 'hacer', sobre los muchos
servicios pedidos.
Al lado del primado de lo espiritual, se evidencia como indispensable
la dimensión comunional entre los laicos y los sacerdotes
y entre todos los miembros de la comunidad cristiana: competencia
propia de la A.C. toda y de cada laico de A.C. es promover la
corresponsabilidad que permita tomar que los laicos son parte
integrante de la Iglesia, aceptando profundamente y recíprocamente
los principios de comunión del Concilio Vaticano II y
de la Christifideles laici.
La corresponsabilidad requiere una formación profunda
para los sacerdotes y los laicos: la colaboración con
la jerarquía - nota cualificante de la A.C. - la favorece
y promueve un ejercicio recíproco.
Es necesario, en efecto, madurar y alimentar una gran disponibilidad
para trabajar en conjunto en la construcción de la comunidad
y mucho más en la misión.
Es importante que en la Iglesia - a todos los niveles - se dé
vida o se revitalicen los consejos pastorales para un verdadero
relato de comunión. Además de estos es siembra
útil que a nivel nacional y diocesano se prepare la Consulta
de los laicos con responsables laicos.
Los laicos, de parte suya deben ofrecer su competencia, sus
temas específicamente laicales (política, economía,
trabajo, comunicaciones), gracias a un pleno conocimiento de
su propia vocación vista en el mundo donde son llamados
a testimoniar a Cristo y la propia pertenencia a la Iglesia.
Además del testimonio de la cotidianidad, se trata además
de dar opinión y para esto se revelan óptimos
instrumentos para comunicar los mass-media como diarios, radio,
TV, internet...
La tensión misionera debe ser una prioridad para todos
y con todos, tarea que tienen todas las ocasiones para ser acogidas
(con quienes se acercan para fiesta, funerales, o cualquiera
de los sacramentos para sí o para los hijos), para tener
siempre abierto el diálogo, para acompañar la
vida de las personas con los instrumentos que podamos ayudarles.
Se trata de recuperar la preciosa contribución de los
laicos para la misión y la evangelización según
la Evangelii Nuntiandi de Pablo VI y la Redemptoris Missio de
Juan Pablo II.
Ciertamente si hay dificultad, problemas que no permiten a Europa
revelar su alma cristiana,(de el rostro todavía nosotros
mismos, nuestra comunidad se desempeña dentro de los
obstáculos depara la síntesis entre fe y cultura.)
Es urgente elaborar propuestas para una formación muy
amplia, saber formar opinión, obrar eligiendo con solidaridad
y con respeto de la dignidad de la persona humana para recoger
'con todas las personas de buena voluntad de nuestro continente
aquello que podemos llamar el desafío europeo, la exigencia,
esto es, de construir una Europa con una fuerte memoria de su
propia historia, seriamente impregnada en la actuación
de los derechos del hombre, solidaria con los pueblos de otros
continentes, en promover la paz y el desarrollo a escala mundial'
(Juan Pablo II, Angelus 15 / 2 / 98).
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