| El camino de la
Acción Católica en la Iglesia y el mundo,
a la luz de la Christifideles Laici para la nueva evangelización
"El Dios de la esperanza os colme de
todo gozo
y paz en vuestra fe, hasta rebosar de esperanza
por la fuerza del Espíritu Santo"(Rm 15,13)
Estas son mis primeras palabras de saludo y augurio para todos
vosotros los que asistís a este II Forum Internacional
de la Acción Católica. Mi deseo es que el Espíritu
Santo obre profundamente en nuestros corazones produciendo una
sobreabundancia de paz, de alegría y de esperanza. Esa
esperanza que "no falla, porque el amor de Dios ha sido
derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo
que nos ha sido dado"(Rm 5,5).
A esta esperanza yo los invitaba -con palabras de Juan Pablo
II- en mi reflexión para el Forum de 1991. "Dios
está preparando una gran primavera cristiana, de la que
ya se vislumbra su comienzo"(R.M. 86). Pero es una esperanza
que nos abre a nuevos horizontes, a nuevos compromisos, a nuevos
pasos en el camino de evangelización y de misión
de la Acción Católica.
Uno de los signos de esta "gran primavera cristiana"
lo constituye la autoconciencia que la Iglesia va teniendo de
sí misma en todos sus miembros: laicos, presbíteros
y religiosos. La Iglesia como Misterio, como Comunión,
como Misión; o dicho con una frase que me es particularmente
querida y que lo sintetiza todo: la Iglesia como Misterio de
comunión misionera. Con el reciente Sínodo sobre
la Vida Consagrada -que acaba de concluirse ayer- se cerró
una magnífica reflexión sobre la "circularidad
de comunión" que había empezado con el Sínodo
sobre los Laicos (87), se continuó en el Sínodo
sobre la formación de los sacerdotes (90) -sacerdotes
que viven, sirven y comunican el Misterio- y se concluye ahora
con una reflexión (meditación contemplativa) sobre
este don de Dios a su Iglesia que es la Vida Consagrada: en
sus diversas formas de Vida Religiosa e Institutos Seculares,
vida monástica y vida apostólica, vírgenes
y eremitas, nuevas formas de vida consagrada. El Espíritu
de Dios está obrando fuertemente en su Iglesia "en
esta magnifica y dramática hora de la historia, ante
la llegada del tercer milenio" (Ch.L. 3)
Otro de los signos de esta "gran primavera cristiana"
es la creciente participación de los fieles laicos en
la misión evangelizadora de la Iglesia. Su ardiente deseo
de una fuerte espiritualidad laical (hambre de la Palabra de
Dios - Lectio Divina - y de los sacramentos), compromiso creciente
de participación en la edificación de la comunidad
eclesial y de la construcción de la nueva sociedad. Podríamos
señalar, de modo especial, entre estos signos positivos
de esperanza el impacto que producen en los jóvenes las
Jornadas Mundiales de la Juventud. Constituyen un momento fuerte
de evangelización, un signo evidente y práctico
de comunión eclesial y una particular invitación
a la renovación interior (manifestada en un creciente
deseo de santidad y, en muchos casos, un momento decisivo de
opción vocacional, sacerdotal o religiosa).
Finalmente yo me atrevo a colocar entre estos signos claros
de esperanza cristiana la nueva y más profunda conciencia
de la Acción Católica como privilegiada forma
de asociación eclesial "en unión muy estrecha
con la Jerarquía" y especialmente partícipe
de su misión apostólica. No en vano en el Concilio
Vaticano II recordaba a los Obispos el deber de promover las
distintas formas de apostolados de los laicos, "y señaladamente
a la Acción Católica" (Ch.D. 17; cfr.A.A.'0).
Lo mismo ha hecho el Papa Juan Pablo II en la Christifideles
Laici, recogiendo la Propuesta 13 de los Padres Sinodales: "Entre
las diversas formas apostólicas de los laicos que tienen
una particular relación con la Jerarquía, los
Padres Sinodales han recordado explícitamente diversos
movimientos y asociaciones de Acción Católica"
(ChL 31). Es evidente que la Acción Católica -
con diversas modalidades quizás de acuerdo a países
y culturas diferentes- ha marcado fuertemente el inicio de la
participación de los laicos en la misión de la
Iglesia y ha significado el comienzo de una forma asociativa
especial que ha hecho crecer y madurar la comunidad cristiana.
Sin disminuir la fuerza testimonial y evangelizadora de los
nuevos movimientos eclesiales - que "representan un verdadero
don de Dios para la nueva evangelización y para la actividad
misionera propiamente dicha" (RM 7')- no hay que olvidarse
que "fue particularmente la promoción de la Acción
Católica, por parte de Pío XI, la que abrió
un capítulo decisivo en el desarrollo del trabajo de
los laicos en el campo religioso, social, cultural, político
y hasta económico. La experiencia histórica y
la profundización doctrinal de la Acción Católica
prepararon nuevas levas, abrieron nuevas perspectivas, encendieron
nuevas llamas" (Juan Pablo II, '1-9-9-4). En el camino
de la Acción Católica hubo luces y sombras, momentos
de desorientación y de cansancio, temores quizás
de haber quedado superada por los nuevos tiempos y exigencias
eclesiales. Creo que ha llegado el momento providencial del
Espíritu Santo para una renovación más
profunda en lo espiritual, en lo doctrinal, en su compromiso
apostólico y misionero. A esto ayudará ciertamente
la celebración del Forum -sobre el cual volveremos al
final- y que quiere abrir a otros países la fecundidad
de una experiencia asociativa tan rica en frutos y tan prometedora
de esperanzas- Yo quiero señalar, a la luz de Christifideles
Laici, algunas exigencias y esperanzas en este camino de la
Acción Católica: formación, comunión,
audacia y profecía en el Espíritu.
I. Formación para una nueva evangelización
Se ha dicho siempre que la Acción Católica debe
ser una "escuela de formación". Y la experiencia
nos dice que lo ha sido. Generaciones de fieles laicos han sido
profundamente formados en la escuela de la Acción Católica:
de aquí surgieron familias profundamente cristianas,
vocaciones sacerdotales y religiosas, laicos comprometidos en
los campos de cultura, de la educación, de la economía
y de la política. Sin embargo, a veces se ha acusado
a la Acción Católica de ser simplemente "una
escuela", es decir, de encerrarse en sí misma, de
formar en un espiritualismo desencarnado (sin relacionarlo con
lo cotidiano de la vida y el compromiso con las realidades temporales)
o en una mera estructuración doctrinal (una teología
abstracta, profunda pero desconectada de las situaciones nuevas,
personales, familiares o de los pueblos). Creo que las acusaciones
han sido muchas veces injustas; pero algo de verdad tenían
(como lo tenía, también, la formación que
se daba en algunos Seminarios e Institutos Religiosos). Precisamente
por eso, en los tres últimos Sínodos (laicos,
presbíteros, religiosos) se ha insistido tanto la urgencia
de una formación integral, inicial y permanente.
Una formación para la nueva evangelización supone:
a.- Formación para la comunión. La Iglesia es
esencialmente comunión misionera. Lo cual supone, para
la Acción Católica principalmente, comunión
afectiva y efectiva con los pastores. Como toda comunión
es a veces sufriente, pero siempre es rica y fecunda. Es comunión
con los pastores, a nivel parroquial y diocesano, comunión
con las distintas realidades del Pueblo de Dios. Una particular
sensibilidad eclesial y capacidad de comunión con las
diversas formas asociativas: movimientos, grupos, asociaciones;
b.- formación para la unidad interior entre fe y vida:
a fin de que el anuncio explícito de Cristo vaya unido
al testimonio, la evangelización a la promoción
humana, el servicio a la profecía, la acción misionera
a la oración contemplativa;
c.- formación para la construcción "de comunidades
eclesiales maduras"(ChL 34); comunidades de fe confesada
en la adhesión a la Palabra de Dios, celebrada en los
sacramentos y vivida en la caridad como alma de la existencia
moral cristiana (cfr. ChL 33);
d.- formación en la doctrina social de la Iglesia. "Es
absolutamente indispensable...un conocimiento más exacto
de la doctrina social de la Iglesia... Tal doctrina ya debe
estar presente en la instrucción catequética general,
en las reuniones especializadas y en las escuelas y universidades"(ChL
60). La Doctrina Social de la Iglesia forma parte de la Teología
Moral (cfr.S.R.5);
e.- formación para un crecimiento interior en el itinerario
progresivo de santidad. Volvemos a un tema que es muy propio
de la Acción Católica: que sea "escuela de
espiritualidad y de santidad". "Hoy el mundo necesita
el paso de los santos". Santos de lo cotidiano (Pablo VI).
II. Comunión para la nueva evangelización
La comunión está en el comienzo y en el término
de la nueva evangelización. "La comunión
es misionera y la misión es para la comunión"(ChL
3'). Diría que es el centro, el corazón, de la
nueva evangelización. Digo el corazón por dos
motivos:
a- porque la evangelización supone la Palabra y la Eucaristía;
b- y porque el Espíritu Santo ( que es Espíritu
de amor, de unidad, de comunión) es el "Protagonista
de la misión"(R.M.cap.V). "La comunión
eclesial es, por tanto, un don; un gran don del Espíritu
Santo"(ChL '0).
Pero quiero referirme ahora a la comunión como principio
y término de la nueva evangelización aplicándolo
de un modo especial a la Acción Católica. "Esta
comunión es el mismo misterio de la Iglesia". La
Iglesia, como la define el Concilio Vaticano II con palabras
de San Cipriano, es "un pueblo congregado en la unidad
del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo" (L.G.4).
Precisamente por eso la Iglesia es expresión e imagen
(verdadero icono) de la Trinidad. Y es toda la Iglesia la que
recibe -en su esencial e irrompible comunión- la misión
evangelizadora de Jesús: "Id por todo el mundo y
proclamad la Buena Nueva a toda la creación"(Mc
16 15; cfr. Mt '8, 18-'0).
Es toda la Iglesia - Misterio de Comunión Misionera-
la que está recibiendo hoy de Jesús Resucitado,
por intermedio de Pablo VI y de Juan Pablo II, el nuevo mandato
evangelizador y misionero: "Id, también, vosotros
a mi viña"(sed Iglesia comunión); "Id
por todo el mundo"(sed Iglesia misionera).
Para la Acción Católica, este llamado a la comunión
eclesial y este mandato misionero tiene una exigencia especial
que sintetizo así:
- vivir en íntima comunión con la Trinidad que
nos habita y con Cristo que nos envía y es la Vid de
la cual todos somos sarmientos: intensificar la Vida espiritual
en la Lectio Divina y la Eucaristía; la comunión
crece y se manifiesta en la medida en que se vive "en Cristo
Jesús" y "en el Espíritu Santo";
- vivir con particular devoción el Misterio de la Iglesia
Particular: estáis insertados en la Iglesia de Cristo
que se realiza en vuestra Diócesis y en vuestra Parroquia,
en comunión perfecta con la Iglesia Universal que preside
Pedro. Os recuerdo las palabras de San Pablo: "Así
pues, ya no sois extraños ni forasteros, sino conciudadanos
de los santos y familiares de Dios, edificados sobre el cimiento
de los apóstoles y profetas, siendo la piedra angular
Cristo mismo, en quien también vosotros estáis
siendo juntamennte edificados, hasta ser morada de Dios en el
Espíritu"( Ef ', 19-''). Vivir la Iglesia, sentir
la Iglesia, amar la Iglesia, en su realidad concreta, inmediata,
total; la única Iglesia edificada sobre los Apóstoles
y siendo Cristo la piedra angular;
- participar activamente en el plan pastoral de la Diócesis,
en comunión orgánica con los pastores: preparación,
realización, evaluación;
- estar evangélicamente en el mundo -tratando de compartir
el sufrimiento y la esperanza de los hombres y de leer desde
la fe los nuevos signos de los tiempos para llevarlos a los
Pastores e interpretarlos con ellos-. Es un modo de realizar
así una comunión salvadora con el mundo; de hacer
presente la única Iglesia de Cristo en el corazón
del mundo; como reza el lema de este Forum: "Hombres y
mujeres de la Iglesia en el corazón del mundo. Hombres
y mujeres del mundo en el corazón de la Iglesia"
( cfr. E.N. 70: "El campo propio de su actividad evangelizadora,
es el mundo vasto y complejo de la política, de lo social,
de la economía, y también de la cultura, de las
ciencias y de las artes")
- ir descubriendo y ocupando los nuevos areópagos donde
la Iglesia tiene que proclamar la Buena Nueva de Jesús
con el nuevo ardor del Espíritu Santo (medios de comunicación,
campo de la cultura, deportes, mundo del trabajo y tiempo libre).
Ir creando espacios de presencia, de testimonio, de evangelización
misionera.
III. Audacia y profecía en el espíritu
"El Espíritu del Señor sobre mí,
porque me ha
ungido para anunciar a los pobres la Buena
Nueva"( Lc 4, 18; cfr. Is 61, 1-')
Quiero volver a un tema, ya insinuado más arriba, y
que está en el corazón de la nueva evangelización
y en el corazón de la Acción Católica:
"la vida en Cristo", "la vida en el Espíritu".
La nueva evangelización exige testigos ardientes y profetas
creíbles. Estamos en una época de martirio. Se
necesita audacia y profecía. Quisiera recordar brevemente
algunas exigencias de una espiritualidad laical que es muy propia
de la Acción Católica y es esencial para la nueva
evangelización.
a- Dimensión contemplativa de toda actividad apostólica
y misionera. Es una exigencia interior del Espíritu que
habita en nosotros. El Espíritu nos hace profetas (es
decir, "la boca de Dios"; no somos nosotros los que
hablamos, sino el Espíritu que habita en nosotros y habla
por nosotros) y el Espíritu nos hace testigos ("recibiréis
la fuerza del Espíritu y seréis mis testigos",
Hch 1,8). Esta dimensión contemplativa supone:
- la meditación continua de la Palabra de Dios; la Lectio
Divina;
- la oración contemplativa que supone momentos de silencio
y de oración, de pura experiencia de Dios en la naturaleza,
en el trabajo, en los pobres, en la cruz;
- el amor por el desierto, la soledad, el retiro. "El Espíritu
lo condujo al desierto"(Mc 1, 1'). Hoy hay hambre de silencio,
de búsqueda de Dios en el desierto, de oración.
La Acción Católica se caracterizó siempre
por la necesidad y gozo de los Ejercicios Espirituales.
b- Espiritualidad de encarnación. "La palabra se
hizo carne y puso su morada entre nosotros" (Jn 1,14).
La contemplación no nos aleja de la realidad; antes al
contrario, nos introduce en ella y crea en nosotros capacidades
más hondas para asumir el sufrimiento de los hombres.
La dimensión contemplativa nos hace profundamente serenos,
luminosos, transparentes. Más cercanos a los pobres y
más llenos de la audacia y la profecía del Espíritu.
Es decir, más capaces de denunciar las injusticias, de
combatir las violencias y de proclamar la fuerza transformadora
de las bienaventuranzas; es decir, nos hace más serenamente
fuertes y comprometidos.
c- Crecimiento cotidiano en la vida sacramental. Engendrados
en Cristo por el Bautismo ("creados en Cristo Jesús",
Ef ', 19), vamos creciendo hacia la santidad en la fidelidad
al Dios de lo cotidiano: "así como el que os ha
llamado es santo, así también vosotros sed santos
en toda vuestra conducta" (1 Pd. 1, 15). El Sínodo
extraordinario del '85 -que tanto nos ayudó a descubrir
el Misterio de la Iglesia comunión misionera- nos dejaba
la siguiente recomendación: "Los santos y las santas
han sido siempre fuente y origen de renovación en las
circunstancias más difíciles de toda la historia
de la Iglesia. Hoy tenemos una gran necesidad de santos, que
hemos de implorar asiduamente a Dios" (Rel.F.II, A4; cfr.
ChL 16).
La Acción Católica nos ayudó a descubrir
la riqueza inagotable del Bautismo y nuestra vocación
fundamental a la santidad. La Confirmación nos ungió
con la fuerza del Espíritu para el testimonio y la profecía.
"Vosotros seréis mis testigos" (Hch 1, 8).
La Eucaristía nos asimila cotidianamente al Plan de Vida
y nos construye como Iglesia Comunión: "La copa
de bendición que bendecimos ¿ no es acaso comunión
con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos ¿ no es
comunión con el cuerpo de Cristo? Porque aún siendo
muchos, un solo pan y un solo cuerpo somos, pues todos participamos
de un solo pan" (1 Cor 10, 16-17). El Sacramento de la
Reconciliación nos ayuda a recomponer la unidad que hemos
perdido y nos hace gustar más profundamente la comunión
con Dios en su Iglesia para la salvación del mundo.
Esta fuerte vida sacramental -que tiene sus raíces en
el Bautismo y su centro en la Eucaristía- ha sido siempre
la fuente de la irradiación pascual de la Acción
Católica, de su fecundidad apostólica y de su
irrompible comunión con la Iglesia.
Quiero insistir en esto: que la fuerza de la Acción
Católica ha sido siempre su unión con la Jerarquía
y su fidelidad a la oración y a la vida sacramental.
Vivir la novedad cristiana del Bautismo en la participación
activa en la Eucaristía; dejarnos purificar por la gracia
renovadora de la Reconciliación y renovar cada día
la fuerza siempre actuante de la Confirmación. Pero que
no quedemos luego cómodamente instalados frente a un
Dios que nos hace felices, sino ir cotidianamente al mundo (con
sus situaciones nuevas y sus nuevos desafíos) con el
renovado ardor del Espíritu Santo para anunciar explícitamente
a Jesús y construir su Reino. Pablo VI, de inolvidable
memoria, después de haber definido ala Acción
Católica como "escuela de santidad" y de haber
mostrado su lugar teológico en la estructura eclesial
("ministerialidad laical"), afirmaba: "La Acción
Católica tiene que descubrir de nuevo la pasión
por el anuncio del Evangelio, única salvación
posible para un mundo que de otro modo caería en la desesperación"
('5-4-77).
Conclusión
Volvemos ahora, para terminar con una palabra de esperanza,
a este Forum que nos convoca y estamos celebrando. El Pontificio
Consejo para los Laicos lo ha animado con entusiasmo desde el
primer momento. Lo considera siempre como un lugar de encuentro,
de intercambio de dones, de colaboración mutua, de promoción
de la Acción Católica. De ninguna manera piensa
en un super organismo internacional que tenga funciones directivas
sobre las asociaciones locales, nacionales. Sería desnaturalizar
la identidad propia de la Acción Católica, es
decir, su relación esencial hacia la Jerarquía
local, sus orientaciones y programas pastorales.
Pero quisiera indicar algunas pistas -ya ciertamente recorridas
por vosotros- y que me parecen deben marcar el camino de este
Forum:
a- que la propuesta de esta forma asociativa de la Acción
Católica -tan recomendada por el Concilio Vaticano II
(cfr. A.A.'0) y tan querida por los Sumos Pontífices
Pablo VI y Juan Pablo II- sea hecha siempre en el marco de una
Iglesia Misterio de Comunión Misionera. Es decir, que
viva y ame la Iglesia comunión; contagie y expanda su
amor; lo haga presente y sensible.
b- que sea siempre un punto de referencia; humilde y disponible,
para la comunión con otras formas asociativas, movimientos
y grupos que Dios ha suscitado en estos últimos años
en la Iglesia; que se muestre siempre como imagen de comunión
de todas las fuerzas laicales en torno a los Pastores y sus
proyectos pastorales; para que no sólo haya simplemente
laicos, sino un laicado. Hoy día se siente necesidad
y urgencia de organicidad en el laicado. Lo pide la situación
del mundo y lo exige la fecundidad de una Iglesia comunión.
c- que se haga, con mucha humildad pero con gran fuerza misionera,
sin ánimo proselitista pero con coraje y amor de Iglesia
la propuesta de la Acción Católica en aquellos
países de Europa Centro-Oriental que buscan formas de
organización para los cristianos laicos, adultos y jóvenes;
la circunstancia de realizarse este Forum en Viena es verdaderamente
providencial.
d- que se visite con amor filial, respeto y obediencia, a los
Obispos. Sin ellos no puede haber Acción Católica.
Lo mismo convendría hacer con los sacerdotes -sobre todo
párrocos- y con los seminaristas. No se trata de vender
una mercadería, sino de recordar y ofrecer, con gratitud
y alegría, un verdadero don de Dios a su Iglesia que
quiere ser comunión misionera.
e- finalmente -y creo que es lo principal- que se muestre la
imagen de una Acción Católica rejuvenecida, fiel
a su tradición original, pero abierta a las exigencias
de la historia, profundamente invadida por el Espíritu
de Dios, que es Espíritu de comunión y de profecía,
Espíritu de santidad y de servicio, Espíritu de
pasión evangelizadora y misionera. El mundo espera hombres
y mujeres nuevos -inmersos en lo cotidiano desde una profunda
experiencia con Dios- que anuncien explícitamente la
Buena Nueva de Jesús con la audacia profética
del Espíritu. Pero que lo hagan orgánicamente,
como expresión de una Iglesia comunión, fuertemente
comprometida en la construcción de una sociedad fraterna
y solidaria. Comprometida en la construcción de la civilización
de la verdad y el amor.
Dejamos todo en el corazón de María, nuestra
Madre y Madre de la Iglesia, en cuyas entrañas virginales
"la Palabra se hizo carne y plantó su Morada entre
nosotros"(Jn 1,14).
El camino de la Acción Católica coincide con
el camino de María: camino de fidelidad y de servicio,
de silencio contemplativo y de cruz, de alegría y de
esperanza. Es siempre el camino fecundo del Fiat y del Magnificat.
De acción de gracias y de entrega total y generosa. Nos
acompañe siempre María con la gozosa disponibilidad
de los discípulos, con el ardor de los testigos y con
la serena fortaleza de los mártires.
Eduardo F. Cardenal Pironio
Viena, 30 de octubre de 1994
1991
Roma 7/10 noviembre - Asamblea Constitutiva
PARTICIPANTES: Argentina, Austria, Checoslovaquia, Italia, Malta,
México, Paraguay, Rumania de rito greco-bizantino e Rumania
de rito latino, Suiza italiana.
OBSERVADORES: Africa, Corea, Polonia.
Síntesis de la relación del Card. Eduardo F.
Pironio
El Espíritu de Dios está recreando la Acción
Católica en el interior de una Iglesia misterio de comunión
misionera:
a- Misterio: itinerario y escuela de santidad;
b- Comunión: con los Pastores, con el resto del Pueblo
de Dios, con otras asociaciones...
c- Misión: presencia, anuncio, envío "ad
gentes";
- en una sincera fidelidad a Cristo, a la Iglesia, al hombre;
- en una profunda comunión eclesial con la Jerarquía;
- en un particular dinamismo misionero;
- en una especial apertura a las diversas asociaciones de Acción
Católica en otros países, manteniendo siempre
la irrenunciable configuración con la Iglesia local en
comunión con Pedro;
- en una más honda, evangélica y eclesial presencia
en el mundo, como especial forma de una Iglesia "sacramento
universal de salvación".
Nuestras raíces comunes a la grande y noble tradición
en la que ustedes se reconocen, a una identidad asociativa -espiritual,
eclesial, apostólica- que es propia del patrimonio de
la Acción Católica.
Todo ello es fruto del carisma peculiar que ustedes han recibido.
Sí, el carisma de la Acción Católica! ¿Acaso
Pío XI no se refirió a una "inspiración
providencial" en su desarrollo al servicio de la Iglesia?
No se cualifican aquellas raíces y tradición simplemente
por las "funciones "que la Acción Católica
cumple, sino por los dones del espíritu Santo que la
animan y la guían, que suscitan una formación
y una vida nueva de "fieles laicos", que caracterizan
íntimamente el estilo, el servicio, las obras que son
de Acción Católica.
Ahora bien, estas raíces, tradición e identidad
de la Acción Católica han sido vividas a través
de muy diversos caminos en las variadas Iglesias locales, en
las parroquias, en las diócesis, en las naciones.
Si bien la Acción Católica Italiana tuvo siempre
un carácter ejemplar ya que fue la primera en surgir,
la más cercana e inmediata a la presencia y orientaciones
de los sucesivos Pontífices, no puede hablarse de un
"modelo" uniforme de Acción Católica.
Digamos que ella vivió un proceso de "inculturación"
en las diversas realidades sociales, culturales y eclesiales
en las que fue promovida y en las que creció como preciosa
articulación asociativa e irradiación catequística
y apostólica de presencia cristiana. Ustedes se descubren
aquí y ahora, muy unidos en aquella raíz, tradición
e identidad, pero diversos en los caminos recorridos y en las
formas organizativas propias. También para la Acción
Católica puede hablarse de unidad en la pluriformidad.
Quizás podría esto señalarse destacando
el Magisterio Pontificio sobre la Acción Católica
como la base fundamental de su unidad y la incorporación
de la Acción Católica en las Iglesias locales
como el despliegue de su multiformidad.
Las enseñanzas del Concilio Vaticano II
¿Acaso no es ésta una síntesis luminosa
de las enseñanzas del Concilio Vaticano II sobre los
laicos, un discernimiento de su actuación durante los
primeros '0 años post-conciliares y el cuadro orgánico
y orientador para un relanzamiento de la participación
de todos los laicos en la vida y misión de la Iglesia?
Se podría también decir que el Forum Internacional
inaugura una etapa de mayor apertura y encuentro de la Acción
Católica a nivel universal. Hasta el mismo Pontificio
Consejo para los Laicos encontraba así dificultades para
tener a la Acción Católica como interlocutora
a nivel internacional. No faltaron buenas, fecundas relaciones
con la Acción Católica Italiana, con la española,
con la argentina..., pero cuando se trataba de eventos y organizaciones
internacionales, en el mismo elenco de las OIC y de los movimientos
eclesiales, faltaba la realidad unitaria de la Acción
Católica como bien de la Iglesia Universal.
¡ Bienvenido sea, pues, este FORUM! Está llamado
a expresar, a nivel universal, la vitalidad renovada de una
tradición, que se vuelve propuesta asociativa y apostólica
para todas las Iglesias... Para aquellas Iglesias que han de
reconstruirse, también en su laicado, pasados los tiempos
de sufridas persecuciones. Para aquellas Iglesias jóvenes,
misioneras, que necesitan un laicado adulto para que la comunidad
cristiana esté plenamente formada y sea más transparente
testimonio de la comunión de la que es sacramento. Para
aquellas Iglesias en donde muchos Pastores continúan
algo desconsolados al decir: "tenemos buenos laicos, pero
no un laicado".
Viena 30.10/3.11-I Asamblea Ordinaria
PARTICIPANTES: Argentina, Austria, Italia, Malta, México,
Paraguay, Rumania de rito greco-bizantino e Rumania de rito
latino, Suiza italiana, Venezuela.
OBSERVADORES: Polonia, Eslovenia, Burundi.
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