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Prólogo al libro del 75° aniversario

Acción Católica Argentina 1931 – 2006
Por Mons. Luis Armando Collazuol
Asesor General de la Acción Católica Argentina

En la existencia de una Institución, como ocurre en la vida de las personas y las comunidades, algunos aniversarios adquieren una especial importancia y significación. Así ocurre con la Acción Católica Argentina, que celebra en el 2006 el septuagésimo quinto aniversario de su fundación, y parece oportuno evocar algunos hitos de su historia en el Libro del 75° aniversario de la Acción Católica Argentina

Fue el 5 de abril de 1931 cuando los obispos del país, en una Carta Pastoral Colectiva, declararon oficialmente constituida la Acción Católica Argentina, promulgando sus Estatutos. Poco antes, el 4 de febrero del mismo año, el Papa Pío XI, al conocer la decisión de los obispos argentinos de promover su fundación, envió a los mismos una Carta con precisas orientaciones acerca de la naturaleza y finalidad de la asociación. Con ello se buscaba un renacer de la vida cristiana y una coordinación de todos los esfuerzos apostólicos del laicado en comunión con toda la Iglesia.

Nació así la Acción Católica Argentina, como conjunto de diversas Asociaciones del laicado organizado: de los Hombres (AHAC), de las Mujeres (AMAC), de las Jóvenes (AJAC) y de los Jóvenes (JAC). Si bien una Junta Coordinadora en cada nivel – nacional, diocesano y parroquial – garantizaba la unidad institucional y la comunión jerárquica, el vínculo más fuerte era el interior, sostenido por la gracia: vivir el apostolado en el horizonte universal de la misión de la Iglesia, cooperando según el modo que le es propio a los laicos con el apostolado del ministerio pastoral. Desde entonces su presencia en la vida eclesial y nacional no ha dejado de ser significativa.

Las estructuras organizativas se fueron renovando con el paso del tiempo a partir de las exigencias de la propia naturaleza de la Institución y de los nuevos desafíos de la evangelización. Finalmente la Acción Católica Argentina tuvo en 1993 un nuevo Estatuto y en 1996 fue aprobado el Reglamento. La organización establecida en el naciente modelo institucional es la de una sola Asociación con diversas Áreas: Aspirantes, Jóvenes, Adultos y Sectores. La dinámica asociativa se hizo más flexible para asumir la variedad de situaciones y condiciones de vida laical, y sostener los compromisos apostólicos en la comunidad eclesial y en todos los ambientes de la vida. La Institución continua articulada a nivel nacional, diocesano y parroquial, buscando también la presencia capilar en sectores y en ámbitos de misión.

El presente volumen trata de reflejar el devenir de la Acción Católica desde sus inicios en la misión de la Iglesia en Argentina y en la vida de nuestra Nación. Es un reflejo parcial, lo reconocemos, porque la vida y las acciones de los miembros y grupos de militancia a lo largo de este tiempo en todo el país son incontables, y permanecerán como testimonio fiel sólo en los ámbitos donde se desarrollaron… aunque también, por supuesto, en el corazón del Padre. Hubo sombras, es cierto, porque nuestras debilidades y pecados muchas veces oscurecen la obra de Dios. Pero también son muchas las luces que se han encendido en la conciencia eclesial y misionera de los laicos, en la pastoral de las diócesis y parroquias, y en la vida de la comunidad nacional.

En mi caso particular, inserto en una larga tradición familiar de Acción Católica, y en mi paso personal por sus filas como niño, aspirante, joven, y luego, siendo sacerdote, como asesor, percibo que la institución ha puesto un sello propio en mi espiritualidad y ha sido uno de los instrumentos del Padre Providente en la opción vocacional. ¡Cuántos sentirán lo mismo! La recorrida del libro de los 75 años me permite evocar muchos momentos del paso de Dios por mi vida vinculados a la Asociación.

Creo que también serán muchos otros los que, andando por los testimonios, fotografías, anécdotas, historias y relatos, se sentirán identificados con ellos. En los mayores habrá, quizás, un poco de nostalgia; para los más jóvenes la memoria de lo que no vivieron personalmente podrá convertirse en estímulo de entrega apostólica generosa; algunos que por diversas razones ya no militan sentirán en su interior un nuevo ardor en el espíritu comunitario y apostólico que encendió su paso por la Acción Católica; todos sentiremos el impulso a dar gracias a Dios por el don que sigue dando a la Iglesia en el carisma institucional.

Muchas veces hemos hablado de la “mística” como expresión viva del carisma. La Acción Católica comprendió desde el principio que su principal cometido es estimular el camino de la santidad. El ideal que se propone a cada militante es ser santo y ser transparencia de Cristo para los demás. ¡Cuántas veces hemos cantado: “en tu rostro la sonrisa, en tus ojos mucha luz, donde todos, todos vean, la mirada de Jesús”! Por ello en los grupos de militancia siempre se anima la escucha de la Palabra para identificarse con los sentimientos de Cristo, y la vida eucarística como intimidad con el Maestro, manantial de gracia y apostolado. Por ello los miembros de los grupos contemplan y aman con devoción entrañable a la Madre del Maestro y perfecta Discípula, la Santísima Virgen María.

La “mística” se manifiesta también en el hondo espíritu de comunión eclesial que anima a la Acción Católica Argentina, expresado en el amor al Papa y fidelidad al Magisterio, en la disponibilidad a la colaboración con el ministerio pastoral de los obispos para la realización del fin general de la Iglesia, en la diocesaneidad y parroquialidad como notas distintivas de su estructuración eclesial, y en la colaboración con las distintas asociaciones, obras o grupos de apostolado católico.

La formación de las conciencias, a modo de discipulado cristiano en un itinerario gradual y permanente para todas las etapas de la vida, es otra nota de la Acción Católica que fortalece la mística institucional.

La formación se ordena a la acción apostólica, como renovado ardor misionero frente a los desafíos de la hora presente: se trata de “verlo, juzgarlo y hacerlo todo a la luz de la fe, formarse y perfeccionarse a sí mismos por la acción con los otros y a entrar así en el servicio laborioso de la Iglesia” (AA 29).

La Acción Católica Argentina vive el acontecimiento de su 75° aniversario como un tiempo jubilar que procura reafirmar su identidad eclesial y afianzar la vocación particular de cuántos en ella han asumido un estilo de vida personal y comunitario de santidad, comunión, formación cristiana y compromiso apostólico marcado por su carisma institucional. La memoria de los 75 años de vida institucional invita a una renovada docilidad a los dones del Espíritu Santo y a acoger con gratitud obediente el carisma apostólico asociativo que sigue suscitando para el bien de toda la Iglesia.

+ Luis Armando Collazuol
Asesor General de la Acción Católica Argentina

 

 

 

 

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