Queridos hermanos …
Nos llena de alegría compartir esta noticia con Uds., fieles profesionales de los medios de Comunicación: la proximidad de la beatificación del venerable Manuel Lozano Garrido, periodista español, también destacado miembro de la Acción Católica, lisiado desde joven y finalmente ciego. El significativo paso se dio con la aprobación por parte del Santo Padre del decreto que reconoce un milagro por la intercesión atribuida a este Venerable a quien la enfermedad no limitó su vocación ni su entrega. El hecho tuvo lugar el sábado pasado por la mañana, durante la audiencia que Benedicto XVI concedió al arzobispo Ángelo Amato, SDB, prefecto para la Congregación de la Causa de los Santos.
“Lolo”, así llamado popularmente, quien se incorporó a los 11 años como aspirante a la Acción Católica de la parroquia de San Francisco, nació en Linares (diócesis de Jaen, en el norte de Andalucía) el 20 de agosto de 1920 y murió también en ella, el 3 de noviembre de 1971. En la Acción Católica -lo reconocía siempre-, adquirió una profunda formación espiritual que le hizo vivir con alegría su enfermedad. Y cómo sería su fama de santidad, que al año siguiente de su muerte, en 1972, se produjo el milagro (cuya aprobación permitirá su beatificación) en un niño de dos años, en estado gravísimo (septicemia por pseudomona), luego de dos intervenciones quirúrgicas.
Fue encarcelado durante la guerra civil, durante la cual, siendo adolescente llevaba la Eucaristía a los presos. Pero en 1942 comenzó a manifestarse su enfermedad y al año siguiente quedó lisiado y veinte años después, perdió la vista. Pero entonces dictaba los artículos y los numerosos libros hoy publicados.
Desarrolló su trabajo profesional como periodista en medios de comunicación como el diario "Ya", las revistas "Telva", "Vida Nueva", la agencia "Prensa Asociada"... Y en 1956 fundó la revista “Sinai” para los enfermos.
En 1961 escribió su primer libro “El sillón de ruedas” y su obra póstuma, “Las estrellas se ven de noche”. Pero son numerosos sus títulos como “El árbol desnudo”, “Las golondrinas nunca saben la hora”, “Cartas con la señal de la cruz”, “Cuentos en “la” sostenido”, entre otros.
Cómo sería su testimonio y su vida que un día el Hno. Robert, de la comunidad de Taizé, quiso conocer a ese hombre de cuerpo ya agarrotado, del que escribió: “Lolo, sacramento del dolor”.
Recientemente, el 17 de diciembre pasado, y a dos años de habérsele concedido el título de venerable, fueron trasladados sus restos mortales desde el templo parroquial de Santa María al Monasterio de las Carmelitas Descalzas, en su ciudad natal, en donde permanecerán sin culto público hasta la beatificación. Acompañaron el cortejo, el obispo de Jaén, monseñor Ramón del Hoyo López; las dos hermanas de “Lolo”, Lucía y Expectación; el P. Rafael Higueras Alamo, postulador de la causa y el sacerdote que lo atendió hasta el momento de su muerte, y los amigos, los ya mayores que lo conocieron y los que supieron beber de ellos la memoria de un hombre excepcional.
Con la esperanza y el deseo que puedan encontrar en “Lolo” un animador más para la delicada tarea a la que están entregados, a través suyo hacemos extensiva esta noticia, que nos llena de gozo, a todos los miembros del Club Gente de Prensa.
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