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APORTES ASAMBLEA WASHINGTON 2006
“Mujeres constructoras de la paz: Unidas en la fe y en la acción”

Elsa A. Tosi de Muzio

TEMA: “Mujeres constructoras de la paz: Unidas en la fe y en la acción”

“Bienaventurados los que trabajan por la paz” (Mat. 5,9)

 LA PAZ COMO TAREA DE CONSTRUCCIÓN
Se habla habitualmente de la importancia de la paz en las relaciones humanas, en la convivencia internacional; se ansía  la paz, pero pocas veces se tiene  en cuenta que ésta es en buena parte,  fruto de las personas que viven la paz en su interior y son pacíficas y pacificadoras.
Hablar de paz, remite a un accionar de paz y en paz.
Por ello es importante tener claro que la paz no se alcanza por decreto, por imposición o por solo buena voluntad. Los tratados de paz, que se firman para evitar litigios o ponerles fin, obviamente aquietan enfrentamientos entre regiones, países, etc. pero solo éstos,  no son garantía de una real reconversión hacia sentimientos y actos que generen una cultura de paz.
Es imprescindible  que se den cambios en  actitudes, modos de pensar, comportamientos individuales y sociales, para que esa “paz firmada” se transforme realmente en condiciones pacíficas de vida.  
Se necesita un trabajo profundo de interiorización personal, para lograr el desapego de todo aquello que impide y  traba  la relación abierta, receptiva y  cooperativa con los/as demás y para que no quede en lo discursivo, el anhelo de paz. Es lograr la paz interior, la paz “del alma”, la paz de la mente y el corazón, de modo que se evidencie en la conducta humana.
Requiere un esfuerzo de “des-aprender”, para aprender nuevamente, de modo de   internalizar y adherir a valores que den lugar a actitudes pacíficas, libres de prejuicios, intolerancias, discriminaciones, imposiciones, resentimientos.
La verdadera y sostenida  paz social, se irá construyendo en relación a esta adhesión y convicción personal que prioriza a la paz y que dará lugar a estructuras sociales más justas y equitativas.

Cabe preguntarse por qué el saludo religioso hace referencia a la paz:
“Shalom”dicen los judíos , “La paz sea con vosotros” los cristianos,“Que la paz, la misericordia y las bendiciones de Dios sean con ustedes” los islámicos. 

La respuesta puede orientarse, a que es precisamente la condición básica,
el abordaje inicial, el ámbito primario,  para que la relación humana sea pródiga en comprensión, apertura, respeto, perdón, reciprocidad, diálogo.

Si el espacio de la paz no es respetado, fácilmente es ocupado por  el desencuentro, las rivalidades, la búsqueda de preeminencia, los prejuicios, el egoismo.

Por otra parte, no se pueden dejar de señalar, las nefastas consecuencias de las injusticias sociales, que constituyen un capítulo fundamental a tener en cuenta para la construcción de la paz. Avanzar hacia la paz interior es una cara de la moneda, la otra es consolidar la paz social. La primera es necesaria para la segunda, pero no es suficiente. Será necesario la acción mancomunada de hombres y mujeres pacíficos/as, para generar cambios en las estructuras, que reviertan las situaciones de injusticias instaladas en nuestro mundo. Por otra parte no se le pude pedir paz, a aquellos/as, que sumergidos en carencias de todo tipo, avasallados en sus derechos, soportan condiciones indignas de vida.

Por ello la paz, incluye la justicia y el amor. No se avanza hacia la paz, si no se trabaja por erradicar  el hambre, la exclusión, la miseria, el desempleo, el sojuzgamiento, la discriminación, todas formas de injusticia enraizadas en la sociedad humana.
El reclamo de justicia está visibilizado en los millones de desamparados del mundo.
Benedicto XVI, lo expresa con claridad en su discurso a los embajadores
acreditados ante la Santa Sede, en el que formula  la misma propuesta que planteó en el Mensaje que ofreció,  con motivo de la Jornada Mundial de la Paz (1-Enero-2006):
...”¿Cuál es el camino de la paz?, donde y cuando el hombre se deja iluminar por el resplandor de la verdad, emprende de modo casi natural el camino de la paz”.

El pontífice ilustró su propuesta con cuatro enunciados básicos:

“El compromiso por la verdad es el alma de la justicia”.
El que se compromete por la verdad rechaza la ley del más fuerte, rechaza la mentira.

“El compromiso por la verdad da fundamento y vigor al derecho a la libertad”
El ser humano puede y quiere conocer la verdad. “Pero la verdad solo puede alcanzarse en libertad”.

“El compromiso por la verdad abre el camino al perdón y a la reconciliación”
Pedir perdón, buscar la reconciliación y el don del perdón son elementos indispensables para la paz.

“El compromiso por la paz abre camino a nuevas esperanzas”.
No cabe el desánimo. Es posible enfrentar los grandes problemas que hoy afronta la humanidad. No se puede hablar de paz donde el hombre no tiene ni siquiera lo necesario para vivir con dignidad.

“Nuestro común compromiso por la verdad, puede y tiene que dar nuevas esperanzas a estas poblaciones que viven bajo el umbral de la pobreza, mucho más a causa de situaciones que dependen de las  relaciones internacionales políticas, comerciales y culturales, que por circunstancias incontroladas”.

UMOFC tiene como temática central, en su Asamblea 2006:  la paz.
Así se expresa en su convocatoria:
  “Mujeres constructoras de la paz. Unidas en la fe y en la acción”
“Bienaventurados los que trabajan por la paz”

Desde el tema central distinguimos;

  • Paz. Mujer. Construcción. Unidad. Fe. Acción.

Paz: visualización de la paz como una tarea de construcción que de lugar a la Cultura de la paz. Establecer las bases para un modo de vida en el que se privilegien los vínculos de comprensión, respeto, reconciliación entre los seres humanos.
Mujer: Convocatoria a las mujeres, para que se comprometan a responder a este requerimiento. Viviendo la paz en su interior para vivificar las interrelaciones humanas y avanzar en el compromiso social, hacia condiciones de vida justas y equitativas.
Construcción: Requiere la convicción de los/as  artesanos/as que se enrolen en esta tarea.  Toda construcción, necesita conocer los materiales con que cuenta, la calidad de la mano de obra,  los detalles del proyecto, el tiempo a dedicarle para avanzar en la obra, los recursos disponibles.

Si se piensa en la paz, como una  tarea de construcción, sería buena responder a estas premisas reconociendo los requerimientos anteriores.
Pero especialmente teniendo clara conciencia de que implica una tarea que tiene como primera mirada, la revisión personal de todos aquellos que quieran sumarse a la edificación.
Asimismo requiere saber que se trata de una labor que necesita de constancia, dado que nunca se alcanzará en el orden humano la plenitud de la paz. Siempre la humanidad a tenido aspiraciones que han sido el motor de cambios. En el caso que nos ocupa, esta aspiración de paz, va movilizando a muchos seres humanos en la tarea de alcanzarla, que seguramente no será lineal ni total, que tendrá avances y retrocesos, pero que abre el camino, y deja la huella señalada para continuarlo.

Unidad: toda obra avanza más, cuanto más coherencia, unidad, entendimiento, existe entre los/as que se comprometen con ella.
Unidad que habla de convergencias, de identidades diversas, de respeto a las diferencias, de reconocimiento del otro/a, de flexibilidad, de convicciones compartidas, de testimonio y compromiso. 

Fe: Desde la Fe, el llamado a la paz, a la unidad y a la reconciliación, es una exigencia básica de coherencia, y de fidelidad evangélica.
“Mi paz os doy mi Paz os dejo”, dice el Señor. Nos la ofrece, para  que dispongamos de ella; la da y la prodiga. Nos descubre que es la condición y la herramienta primordial para la convivencia humana.
Es  descubrir que la paz es el punto de origen para construír el camino que nos lleve hacia  condiciones de vida más justas, a la disminución de la violencia,  al encuentro fraternal de la familia humana.

Acción:  es un llamado a movilizarnos, a no dejar que las palabras sean solo un pronunciamiento sin consecución, sin una praxis, un accionar que evidencie que puede haber una nueva forma de relación entre los seres humanos.
“Bienaventurados los que trabajan por la paz”, nos dice el Evangelio.

La esperanza opera como una fuerza interior, como un impulso para renovarnos y unirnos en este “trabajo por la paz”, mancomunar esfuerzos con personas de otros credos y con todos aquellos seres humanos de buena voluntad, que aspiran a un mundo humanizado. 
Convocatoria a repensar la vida en términos de vínculos fraternales, a reconsiderar conductas personales, a purificar la mirada, a despojarse de rencores y prejuicios, a dar respuestas a los retos del presente, a vivir en la esperanza de los/as  hijos/as de Dios, trabajando por  un mundo más humano, más pacífico, más fraterno.
No es fácil abordar una definición de paz. Tal vez pueda facilitar la aproximación a una definición, el abordarla desde distintas perspectivas.
Se puede considerar por tanto:

Paz, como “tranquilidad en el orden” (San Agustín)
Paz, como situación de orden y coherencia valorativa, del yo interior.
Paz,  como estado de serenidad, que permite desarrollar el discernimiento, la escucha, la visualización de las distintas  situaciones de las que se participa, sin la prevalencia de preconceptos y prejuicios.
Paz, como meta para las relaciones humanas.
Paz, como ámbito fundamental para el entendimiento y el diálogo.
Paz, como resultado de estructuras sociales justas y equitativas.
Paz, como “tranquilidad en el orden”(San Agustín).
Paz, como estilo de vida, signo identificatorio de los  que se sienten hijos/as de Dios.
No obstante, como señala el Hno. E. Magdaleno: “La paz, ¿qué es?. Amigo, amiga, más vale sentirla y vivirla que saberla definir”.

Evidentemente toda referencia a la paz, está alejada del concepto de quietud, en el sentido de inacción, parálisis, desentendimiento de la realidad personal y social. La paz, es la condición irreemplazable para el acercamiento, la comprensión, la búsqueda del otro/a. Es un concepto de vida, para la vida.              

 

 

 

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