Buenos Aires, 4 de abril de 2004
"He competido en la noble carrera, he llegado a la meta,
he conservado la fe. Desde ahora me aguarda la corona de justicia
que aquel día me entregará el Señor"
(2º Timoteo 4, 7-8.)
Estamos viviendo un tiempo de tristeza, de dolor profundo y a la vez, de gozo esperanzado. Nuestro querido Papa, Juan Pablo II, ha partido al encuentro de Aquel a quien tanto amó y sirvió: Dios Padre Misericordioso.
El Santo Padre fue en su vida testigo incansable del Evangelio, y llevó por todo el mundo su mensaje de paz y concordia. Su Pontificado dejó huellas indelebles en la vida de la Iglesia y del mundo. Fue un promotor y defensor de la vida, de la dignidad humana, de la libertad de los pueblos, del derecho al desarrollo y el progreso. Amó a Cristo. Amó a la Iglesia. Amó a todos los hombres y mujeres de su tiempo, en especial a los jóvenes.
La Acción Católica Argentina, ante su enorme figura de Discípulo y Testigo, de Padre y pastor, quiere agradecer a Dios el habérnoslo dado durante largos 26 años en el Pontificado, y desea comprometerse en seguir su huella de valentía y coraje, anunciando CUANTO AMA Dios al mundo y cuanta misericordia espera ser derramada al corazón del hombre que se abra a Él.
Ante la Virgen María, Nuestra Madre, le pedimos interceda ante Su Hijo, pidiendo por el eterno descanso de su alma. Que el Señor de la Misericordia lo acoja en su seno y lo abrace con el Amor que no tiene fin.
Consejo Nacional
Acción Católica Argentina
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