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El
pasado sábado 19 de mayo, una noticia nos sorprendió
y entristeció nuestra alma. El "flaco Quique"
acababa de fallecer. A los 31 años de edad y así
de repente, cuando menos lo esperábamos, la muerte le
salió al encuentro, para llevarlo junto al Padre misericordioso.
Quique fue un tipo especial, esos que pasan y dejan siempre
un "algo". Un tipo llano, simple, transparente; tanto
cuando se reía; como cuando se enojaba. Un tipo "duro
de pelar" cuando tenía una idea firme, pero así
de firme era también su generosidad, su empuje, su servicio,
su entrega, su alegría.
Era joven, con corazón de niño, y por eso quería
con "locura" a sus aspirantes, a quien les dio su
vida joven.
Ya desde sus primeros pasos en la parroquia de Nuestra Sra.
de Lourdes, en su querida diócesis de San Martín,
mostró su gran amor por los chicos de quien fue delegado,
promotor y Responsable Diocesano hasta el inicio de este último
trieño, donde se incorporó al Área Nacional
de Aspirante, y de la que se había retirado recientemente
para ponerse a total disposición de su Obispo diocesano,
Mons. Raúl Rossi, para trabajar en la Pastoral de la
Infancia.
No es fácil expresar en estos momentos, donde la vida
nos pone frente a toda la dimensión del misterio, los
sentimientos. Por eso las muestras del dolor de sus amigos,
de sus compañeros en la vocación y misión,
de los chicos de las distintas comunidades parroquiales que
lo conocieron como Responsable, las "gorras de aspi"
que cubrían su cuerpo, la tristeza de su Obispo Diocesano,
el desconcierto que se hizo oración en cada diócesis
donde se conoció la noticia, y el desconsuelo de su familia;
hablan a las claras de la calidad de persona de este amigo nuestro,
que con toda seguridad hoy en el cielo, cerquita de su Virgencita
de Lourdes, celebra el haber alcanzado la meta, para la cuál
caminó durante toda su vida joven.
Hasta siempre, Quique...nos cantaste siempre la
alegría de ser santo,
ahora sí ...rie, rie; que la Virgen te protege con su
manto
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