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Nuestro asesor nacional nos escribe a cada uno y desea hacerse presente en cada comunidad. Por eso invitamos a bajar el texto y leerla comunitariamente en la celebración comunitariade Cristo Rey.
Queridos miembros de la Acción Católica Argentina:
En pocos días más comenzaremos la celebración del septuagésimo quinto aniversario de nuestra querida Acción Católica Argentina. Nos disponemos a recorrer un “año jubilar” a partir de la próxima Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo, y siendo el momento central, la próxima Asamblea Federal en Rosario.
No se trata de un acontecimiento sólo para el recuerdo o la nostalgia. Tampoco se trata sólo de algunos eventos festivos.
El jubileo constituye un particular año de gracia, que anhelamos vivir como un tiempo significativo en nuestra vida institucional y personal.
El jubileo expresa ante todo la alegría que sentimos, ya que percibimos que al suscitar providencialmente la Acción Católica en la Argentina, Dios ha visitado a nuestro pueblo. Este gozo es interior en cada uno de nosotros, y se manifestará al exterior en los diversos momentos celebrativos parroquiales, diocesanos y nacionales.
El jubileo es un tiempo de renovada contemplación de Cristo para descubrir la voluntad del Padre para nuestro hoy y aquí como Acción Católica. Nos exige vivir, como en cualquier momento de nuestra historia personal o asociativa, la gracia de la vocación a la que fuimos llamados, pero nos debe llevar, al mismo tiempo, a renovar el carisma institucional por el ardor creciente en el compromiso evangelizador.
La celebración jubilar debe ser también la ocasión de poner en común los dones particulares que el Espíritu Santo da con la vocación personal, para una fructífera colaboración con todos los fieles cristianos, pastores, laicos y consagrados, en el horizonte universal de la misión de la Iglesia. Nos debe guiar a una ascesis de comunión que nos lleve no sólo a estar juntos o hacer algo juntos, sino a querer juntos, integrando a otros e integrándonos con otros.
El tiempo jubilar debe hacernos salir de los refugios que a veces nos hemos construido, apreciando los carismas distribuidos entre todos los hermanos en la fe, y trabajando juntos, con pasión y servicio, para instaurar el reinado de Cristo en todos los ambientes, sectores y realidades temporales.
Queridos militantes: con gratitud a Dios por los dones recibidos de su bondad, miremos hacia delante con renovada esperanza, diciendo siempre un “Sí” fiel como el de María Santísima a las grandes cosas que el Señor nos seguirá dando y pidiendo.
¡Alabado sea Jesucristo! Con mi bendición pastoral:
+ Luis Armando Collazuol
Asesor general de la Acción Católica Argentina

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