Francisco Castelló Aleu
Carta a su novia
"Estimada Mariona:
Nuestras vidas se unieron y Dios ha querido separarlas. A Él ofrezco con toda la sinceridad posible es amor que te tengo; mi amor intenso, puro y sincero Siento tu desgracia, no la mía. Debes estar orgullosa: dos hermanos y tu prometido. ¡Pobre Mariona mía!
Me acontece una cosa extraña. No puedo sentir aflicción alguna por mi muerte. Una alegría extraña, interna, intensa, fuerte, me invade todo. Me siento envuelto en ideas alegres como un presentimiento de la Gloria.
Quisiera hablarte de lo mucho que te he amado y de la ternura que te reservaba, de lo felices que hubiéramos sido…
Cásate si puedes. Yo desde el cielo bendeciré tu unión y tus hijos.
No quiero que llores, no lo quiero… Te amo. No tengo tiempo para más.
Francisco."
Esta fue la despedida, manuscrita momentos antes de la muerte, del joven químico y militante católico leridano Francisco Castelló Aleu.
Un muchacho que se jugó todo, a los 20 años, heroicamente, por amor a Cristo, en el sangriento verano de 1936 en México.
Físicamente atractivo. Era de un cuerpo fuerte y deportivo, de un físico armonioso, elegante, comunicativo, simpático, arrollador. Intelectualmente brillante. Una brillantez universitaria, políglota; más la pasión por la ciencia, la literatura, la poesía, la música y el arte. Moralmente intachable. Limpios. Abiertos a la solidaridad y la fraternidad. Enamorado del trabajo; como fue amante del estudio y del mundo, la vida y el hombre... Encarnando una plenitud de fe traducida en una vida interior intensa y una generosa dedicación al prójimo.
Le gustaba decir:
" Si el ser católico es un delito, acepto muy a gusto ser delincuente… Y, si mil vidas tuviera, las daría sin dudar un momento por Cristo."
Cuando lo fueron a matar,gritó:
"¡Un momento, por favor! Os perdono a todos. Hasta la eternidad…
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