Gianna Beretta Molla
Sí a la vida!!!Esta es la opción fundamental
de Gianna Beretta Molla, la pediatra de Milán muerta hace 30
años, el 28 de abril de 1962, en el Hospital de Monza.
"La vida humana es sagrada e inviolable:
es un don de Dios al hombre, pero también es un don del hombre
a los hermanos". Son las dos expresiones que aparecen
con mayor frecuencia en los escritos y en la vida de Gianna, y que
constituyen la clave de lectura de sus opciones y de su misión
apostólica.
Descartada la idea de hacerse religiosa misionera
que fue cultivando en su juventud, Gianna se orienta decididamente
a la profesión de médico que era una tradición
de familia.
Crecida en un ambiente profundamente religioso (nació en Magenta
de Milán, en 1922, décima de 13 hijos), Gianna debe
mucho a la formación cristiana recibida en la Acción
Católica, primero como delegada y presidente de la Juventud
femenina y, después, casada, como miembro de las Mujeres de
Acción Católica.
Buscando qué proyecto tenía Dios sobre
ella, durante el período universitario se preguntaba dónde
y cómo ayudar al prójimo. ¿En Italia o en las
misiones? ¿Como consagrada o como voluntaria laica?.. Vivió
algunos años en la incertidumbre en cuanto a la opción
de un estado de vida. Después, cuando a través de los
consejos de su director espiritual y el parecer de sus parientes,
comprendió que la voluntad de Dios para ella estaba en que
formase una familia santa, decidió casarse con el Ing. Pietro
Molla".
Diez días antes del matrimonio, el 13 de septiembre
de 1955, escribía a su novio: "Con
la ayuda de la gracia del Señor, haremos todo lo posible para
que nuestra familia sea un pequeño cenáculo donde Jesús
reine sobre todos nuestros afectos, deseos y acciones. Pietro mio,
faltan pocos días y me siento conmovida al pensar en acercarme
a recibir el sacramento del amor. Nos transformamos en colaboradores
de Dios en la creación; podemos, así, dar hijos a Dios
para que lo sirvan y lo amen ".
La alegría de dar hijos al mundo y a la Iglesia
es la nueva misión que Gianna recibe en el matrimonio; en menos
de cuatro años, desde noviembre de 1956 a julio de 1959, da
a luz tres hijos: Pierluigi, María Zita y Laura María.
Luego, imprevistamente, a los 39 años, el drama
de Gianna. Hoy, su marido -que tiene 82 años-, lo recuerda
con todos los detalles: "Durante el cuarto embarazo, en septiembre
de 1961, apareció un gran fibroma en el útero, por lo
cual -a los dos meses y medio- se hizo necesaria una intervención
quirúrgica. Este fue el ìnicio de su holocausto. Fidelísima
a sus principios morales y religiosos, dispuso sin dudar que el cirujano
se ocupase primero de salvar la vida de su creatura".
En vísperas del parto no duda en reunir, junto
a su lecho, al marido y a los médicos para decirles: "Si
deben elegir entre el niño o yo, ni lo duden: elijan -y se
los exijo- al niño. Sálvenlo!".
Con estas convicciones profundas, y sabiendo todo lo que le espera
-Gianna era pediatra y lo sabía muy bien- Gianna entra en la
clínica de Monza el 20 de abril de 1962, Viernes Santo. A la
religíosa que la recibe a la entrada, le dice con toda sencillez:
"Ésta es la última vez. Vine para morir".
AI día siguiente da a luz a una niña
que será bautizada con el nombre de Gianna Emanuela. Gianna
apenas tiene tiempo de abrazarla y de besarla, porque inmediatamente
aparecen las complicaciones: una peritonitis séptica que en
pocos días, el 18 de abril, tras atroces dolores, la Ileva
a la muerte.
En los últimos días tiene junto a sí a su hermana,
sor Virginia, que Ilegó de la India. "Por fin llegaste
-le dice en su lecho de muerte-. Si supieses cuánto cuesta
tener que morir cuando se deja a los hijos, todos pequeños".
Dos testimonios muy lindos sobre Gianna: los
de su marido y de su hija. "No sabía que vivía
con una santa -declaró Pietro Molla-. Gianna era, en realidad,
una mujer normal, con la pasión por la vida, por la música,
los paseos, la montaña. Fue recién después, cuando
ella ya no estaba, que su amor y su sacrificio me conquistaron como
una revelación, y me acompañaron todos estos años".
Igualmente sincera es la alegría de la hija Lauretta, que en
una composición, en la escuela, escribió: "Estoy
segura de que el ejemplo de mamá, que ahora muchos conocen,
servirá para confortar a todas las madres que se encuentren
en las mismas condiciones. Puedo asegurar que estoy verdaderamente
orgullosa de haber tenido una madre con tanto coraje: supo vivir como
Dios quería, y ha servido a la Humanidad con su ejemplo y con
sus obras".
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