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Visión, Idea Fuerza, Meta
Reflexión del Padre Daniel Bossio
Pasión y Servicio para Construir Nuestra Nación

1- A veces se relaciona la pasión con la euforia, la adrenalina, el delirio o el fanatismo deportivo.

En realidad son muchas las variantes o manifestaciones de la pasión en el hombre: amor, odios, sueños, luchas. Se denominan así mismo pasiones a los sentimientos, cuyo origen no es siempre fácil discernir: pueden ser guiadas por el espíritu, la psiquis, o por las hormonas.

En nuestro caso entendemos como pasión tanto un amor intenso como un dolor o un sufrimiento igualmente intensos. Amor, dolor y sacrificios que se asumen voluntariamente y en los cuales se compromete lo mejor de nuestra condición humana.

 

2- Contemplemos a Cristo: ¿Jesús era apasionado?

Recurrimos para esta contemplación a palabras, gestos y sentimientos expresados por el Señor:

Palabras: “Yo he venido a traer fuego a  la tierra, ¡y como desearía que ya estuviera ardiendo!” (Lc. 12, 49).

“¡Ojalá fueras frío o caliente! Por eso, porque eres tibio te vomitaré de mi boca” (Apoc. 3, 16).

 

Gestos: Celo evangelizador / valentía y decisión.

“Jesús recorría las poblaciones de los alrededores, enseñando a la gente” (Mc. 6,6 y similares: 2,38-39; 6,56).

“Mientras iban de camino para subir a Jerusalén, Jesús se adelantaba a sus discípulos; ellos estaban asombrados y los que lo seguían tenían miedo” (Mc. 10,32).

 

Sentimientos:

Bronca, dolor y llanto por Jerusalén.

”…vio la ciudad y se puso a llorar por ella, diciendo: ¡Si tú hubieras comprendido en este día el mensaje de paz!”(Lc. 19-41).

“¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos, como la gallina reúne bajo sus alas a los pollitos, y tú no quisiste” (Mt. 23,37).

 

Indignación ante la dureza de corazón.

“los publicanos y Las prostitutas creyeron…pero ustedes, ni siquiera al ver este ejemplo,  se han arrepentido ni han creído…” (Mt. 21,32).

 

Admiración por lo creado.

“Miren los lirios del campo…les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vistió como uno de ellos” (Mt.6, 29).

 

En su Pasión Jesús expresa el amor más grande.

“He deseado ardientemente comer esta Pascua con ustedes antes de mi Pasión” (Lc. 22,15).

“No hay amor más grande que dar la vida por los amigos” (Jn. 15,13).

 

(Para completar esta contemplación recomiendo repasar el cap. III de la hermosa encíclica de Pío XII “Haurietis Aguas”(1956), sobre el culto al Sagrado Corazón de Jesús.

 

3- Jesús encarna el amor de Dios que es un amor apasionado por el Hombre:

Dios se muestra en todo el AT como el Dios de la Alianza, un Dios celoso que, no obstante las infidelidades de Israel, vuelve una y otra vez a rescatar y a ofrecer su perdón y su paz.
 
Benedicto XVI, “Deus Caritas est” 10: “El eros de Dios para con el hombre es a la vez ágape. No sólo porque se da gratuitamente, sin ningún mérito anterior, sino también porque es amor que perdona.”

Sigue la cita de Oseas11, 8-9:  Dios como esposo traicionado que sufre, ama y perdona.

Continúa el Papa: “El amor apasionado de Dios por su pueblo, por el hombre, es a la vez un amor que perdona. Un amor tan grande que pone a Dios contra sí mismo, su amor contra su justicia. El cristiano ve perfilarse ya en esto, veladamente el misterio de la Cruz: Dios ama tanto al hombre que, haciéndose hombre él mismo, lo acompaña incluso a la muerte y, de este modo, reconcilia la justicia y el amor”  (Id.).

 

4- Jesús “apasiona” a la gente provocando adhesión intensa a su persona y a su mensaje:

Mt. 4,18; 9,9: Los que son llamados lo dejan todo y lo siguen.

Jn. 1,41: “Hemos encontrado al Mesías”.

Lc. 9,57: “¡Te seguiré a donde quieras que vayas!”.

Lc. 17-19: Muchedumbres que lo siguen.

Lc. 19,1-10: Conversión de Zaqueo.

Jn. 13,37: Pedro: “Daré mi vida por ti”

Jn. 13,23; 21,20: El discípulo amado, unido al corazón de Jesucristo.

Lc. 8,1-3: Mujeres que lo acompañan en su misión evangelizadora.

Jn. 20, 11-18: María Magdalena.
Lc. 24, 32: Peregrinos de Emaús: “¿No ardía acaso nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino y  nos explicaba las Escrituras?”.

Gál. 2,20: Pablo: “La vida que sigo viviendo en la carne, la vivo en la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí”.

 

5- La Iglesia, que se sabe amada apasionadamente por Jesucristo manifiesta su amor incondicional de modo sublime en los santos, y de modo vehemente en los mártires.

Conocemos santos y beatos que manifestaron su amor “de locura” por Jesús: Agustín de Hipona, Francisco de Asís, Teresa de Jesús, Juan de la Cruz, María Margarita de Alacoque,  Rosa de Lima, Teresita de Lisieux, Charles de Foucauld,  Maximiliano Kolbe, Pier Giorgio, Gianna Bereta Molla, El beato Anacleto González Flores, el adolescente José Sánchez del Río (mártir mexicano de 14 años de edad), Brochero, Madre Teresa, son algunos ejemplos de amor apasionado a Jesús.

Juan Pablo II fue para la Iglesia y para el mundo un ejemplo de entrega total a la misión recibida y de viva pasión por el anuncio del Evangelio.

Esta nube de testigos repiten como Jeremías: “Tú Señor me has seducido, y yo me dejé seducir” (Jer. 20,7).

 

6- La Acción Católica se propone vivir su vocación con esta misma pasión sirviendo a la construcción tan necesaria de nuestra Nación.

Puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que siempre ha sido el estilo de la institución desarrollar su misión con la pasión propia de los auténticos discípulos de Cristo. Pero creo también que es conveniente renovar el propósito en esta etapa de la historia que se ha dado a llamar “postmodernismo” y en la que justamente parecen predominar el desencanto, el pensamiento débil y el temor al compromiso. Los que trabajamos cerca de los jóvenes (que son como el termómetro de la sociedad) constatamos cómo cuesta motivar la adhesión a compromisos a mediano y largo plazo (“hasta dar la vida” deberíamos decir), y qué difícil se les hace  a ellos encontrar modelos apasionantes para imitar. Pero este fenómeno es algo que se verifica también en no pocos adultos jóvenes y  mayores. A la vez, las tendencias, cada vez más fuertes a desestructurar las bases éticas y morales de la sociedad y la desvalorización de las instituciones crean la sensación de que lo mejor es proveer a las propias necesidades sin mayores referencias a proyectos englobantes.

La pasión puesta al servicio de nuestra Nación debe responder a la convicción que tiene la Iglesia de ser presencia actual y eficaz de Jesucristo, Señor de la Historia, “el que hace nuevas todas las cosas”. Para los discípulos de Cristo  siempre es tiempo propicio para construir con ilusión, para comenzar algo nuevo por ser siempre nuevo el Evangelio, la Buena Nueva de Jesucristo: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán jamás” (Lc.21,33).

 

7- Pero para que nuestra pasión no sea emoción pasajera o activismo desgastante debemos ser lúcidos para reconocer la diferencia entre entusiasmo y fervor.
 El primero existe de modo dependiente de estados de ánimo y situaciones favorables. El fervor (fuego que arde con intensidad) es fruto del Espíritu Santo y nos lleva a entregarnos con decisión al cumplimiento de la voluntad de Dios, más allá de las circunstancias personales o sociales, sean favorables o desfavorables (San Pablo nos invita a evangelizar con ocasión o sin ella). Debemos invocar insistentemente al Espíritu Santo (como lo hacen nuestros obispos al comienzo de NMA), no sólo en orden al logro de nuestras empresas (lo cual sería muy pobre y mezquino) sino también para que, guiados por El, vivamos continuamente en  alabanza y adoración a aquel que es Alfa y Omega, el Dios de amor que nos ha redimido en Cristo, al Abba Pater que nos da el ser y el que nos recuerda que no somos huérfanos en este mundo; un mundo que, paradójicamente, al negarlo bajo pretensión de superación y madurez, se ha vuelto frágil e inseguro de alma.

No debemos poner obstáculos al Espíritu de Dios: No especular con cálculos demasiado nuestros. No cometer el pecado de lentitud, “no demorar la partida” (conclusión de NMA ) pero sí – valga la expresión- “pecar de audaces”, sin temeridades pero haciendo carne el mandato de navegar mar adentro con decisión y confianza.

 

8- ¿Qué servicio puede prestar la Acción Católica al país? (cf. Proyecto Institucional 15-17).

Formación: de niños, jóvenes, adultos, familias.

Pensamiento: Profesionales, dirigentes → DSI

Participación renovadora: Actividades sociales: política, economía, justicia, ONGs, ciencia, comunicación, educación, arte, etc.

Diálogo con la sociedad: Presencia en los MCS, evangelización de la cultura (Nº 17).

 

Hay que decirle a la nación que la Acción Católica la ama con pasión, que vibra con su desarrollo y sufre por sus contradicciones. Que su corazón palpita día a día soñando con una patria más justa, fraterna y solidaria. Que queremos poner a su disposición lo mejor de nuestros esfuerzos y talentos. Que tenemos FE y ESPERANZA porque somos miembros de este bendito pueblo argentino en el cual Dios ha puesto tantas riquezas, especialmente humanas. Que aunque muchas veces sentimos que se ignora y desprecia a la Iglesia, nuestro amor va más allá, y es capaz de olvidar con prontitud las ingratitudes sin hacernos las víctimas. Que tenemos propuestas que queremos sean oídas y respetadas. Que creemos en el valor del diálogo y la fuerza de las acciones concretas.

Tenemos también algo que es tan necesario para levantar al país: tenemos alegría porque tenemos a los aspirantes. La nación necesita el aire fresco de los niños. A ellos debemos respetarlos, oírlos y pedirles perdón por las macanas que hacemos los adultos. Ellos saben perdonar prontamente y nos impulsan hacia adelante porque son la vida que avanza. Ellos nos dicen: “la alegría en el Señor es nuestra fortaleza” (Neh. 8, 10).
 
No pequemos de tibios o pusilánimes. Hace falta hacer oír más la voz de Cristo en la sociedad, desde sus entrañas (“levadura en la masa”). No como imposición sino como servicio de amor. Debemos hacerlo con la audacia de los santos y con todos los medios que tenemos a nuestra disposición. Que en la Iglesia que está viva, se haga sentir la pasión de una Acción Católica viva, fervorosa, que sirviendo haga renacer el amor a Dios y a la Patria.

Como termina la Oración por la Patria, María, la más apasionada y servicial de las criaturas, desde Luján nos dice: Acción Católica, canta y camina.

 

Pbro. Daniel Bossio
-Equipo de asesores-
21 de Octubre de 2006

 

 

 

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