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Experiencias misioneras: construcción de viviendas en Mendoza

A kilómetros de la Ciudad de Mendoza, como alejándose para San Juan, y también hacia el centro de la provincia, Jorge Mitchell, Presidente diocesano, y un grupo de jóvenes, varios de ellos estudiantes universitarios, llevan adelante  un trabajo promotor de dignidad, bajo el lema “Una  familia. Una vivienda”.

Jorge, foto-mendozaal hablar del proyecto puesto en marcha, nos dice: “El problema que nos convoca es un hábitat digno para cada familia. La satisfacción de la necesidad de vivienda de las familias más pobres es un tema complejo, por lo que su resolución merece una atención especial. Un conjunto de variables y factores se interrelacionan entre sí, y para poder comprenderlo mejor no los podemos ignorar.”

Con tranquilidad y vehemencia sostiene “en oportunidad de los acontecimientos que sufrieron los animales del zoológico de la ciudad de Mendoza, la noticia tuvo toda la atención de los medios de comunicación local, nacional e internacional que relataban las denigrantes condiciones en las que vivían. Hacinamiento, techos que se lleven, humedad en el piso, fío, en definitiva precariedad de habitabilidad. Esas, son las mismas condiciones que también viven tantas familias en situación de pobreza desde hace mucho tiempo. Reconocemos la dignidad de la vida de toda criatura, pero parece que las familias que viven en similar situación no son noticia o no tienen nuestra atención, ni tampoco la de los medios. En consecuencia no hay visibilidad de los problemas que viven las familias en riesgo habitacional”.

Así fue entonces, que tal vez  motivado en la no poca indiferencia de los  demás,  hecho mano a sus conocimientos técnicos, a su llegada a otras personas con ganas de transformar la realidad  y se puso en marcha, partiendo de escuchar a las familias en el desierto de Lavalle o en Puente de hierro, Guaymallen.

Su calma habitual, es quizás el gran motor de su energía para construir y para saber escuchar “Abordar este problema habitacional de las familias nos debe poner en acción. Ir al encuentro de nuestros hermanos sufrientes nos debe poner en salida. Esa es la primera acción, abandonar la comodidad de nuestros espacios de trabajo para que se produzca un verdadero encuentro. Un encuentro entre hermanos que gozan de la misma dignidad de hijos de Dios, donde la actitud de escucha debe primar para conocer de sus propias bocas los males que los aquejan y las necesidades que tienen. No somos nosotros los que decidimos sobre lo que ellos necesitan”

Por eso, la respuesta para ambos lugares fue diversa, “personalizada”,  en unos la construcción de ladrillos con elementos del lugar puso en acción los sueños, en el otro la precariedad absoluta  transformó  las  cañas del lugar,  tratadas de modo  particular,  permitió ofrecer un habitad más digno y más seguro, siempre sobre la base de involucrar a los hermanos necesitados en un proceso de promoción que los tenga como protagonistas.

Jorge señala  “Al verlo con los ojos de Cristo, puedo dar al otro mucho más que cosas externas necesarias: puedo ofrecerle la mirada de amor que él necesita”. Nuestra tarea es ponernos al servicio, pero no de cualquier manera”.

Mientras nos cuenta detalles técnicos de la construcción, en uno y otro lugar, no deja de compartir cuanto se  aprende de quien nada tiene “ Sólo quién toca fondo reconoce sus limitaciones y también reconoce que sólo puede confiar y esperar en la ayuda del Señor. Algunos se reconocen felices en medio de tanta adversidad, especialmente las mujeres. No piensan en la salvación individualista, piensan en colectivo y solidarios entre sí. Nuestros sentidos son incapaces de reconocer quién tiene prioridad sobre otro. En este encuentro se demuestra que todos aprendemos unos de otros, promoviéndose una Iglesia Comunidad de comunidades en Comunión”

 Ver imágenes y descripción del proyecto

 

 

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